María Victoria Cabrera, médico en Fundación Hogar Renacer: "Las adicciones más comunes entre las mujeres son el consumo de alcohol y de tranquilizantes"
Esta menor visibilización provoca que los recursos existentes no siempre estén adaptados a sus necesidades específicas

María Victoria Cabrera, médico en Fundación Hogar Renacer. / FHR
DC Digital
Las adicciones en mujeres representan un fenómeno complejo que continúa siendo poco visible en comparación con las adicciones en hombres.
Esta menor visibilización provoca que los recursos existentes no siempre estén adaptados a sus necesidades específicas, lo cual genera barreras añadidas para su adecuado abordaje.
Las mujeres con adicciones y/o trastornos mentales suelen enfrentarse a un estigma social más intenso que los hombres, relacionado con sentimientos de vergüenza, culpa y miedo al juicio externo.
Esto impacta directamente en su disposición a pedir ayuda, en su acceso temprano al tratamiento y en su adherencia al mismo, lo que a menudo deriva en una mayor cronicidad de los problemas y en dificultades significativas para su reinserción laboral y social.

Adicción en mujeres. / iStock
Las adicciones más comunes entre las mujeres son el consumo de alcohol y de tranquilizantes, sustancias que suelen asociarse a problemas físicos de mayor severidad
A esto se añade el hecho de que, en muchas ocasiones, estas mujeres padecen en mayor o menor medida, una patología psiquiátrica asociada (patología dual).
La Sociedad Española de Patología Dual señala que estas mujeres presentan tasas más elevadas de desempleo, mayor vulnerabilidad frente a la violencia de género y un mayor riesgo de exclusión social.
Todo ello incrementa la dificultad para acceder a programas terapéuticos y mantener la continuidad del proceso de recuperación.

Adicciones en mujeres. / iStock
Hay que destacar la importancia de integrar la perspectiva de género en todas las fases del tratamiento, desde la valoración inicial hasta la intervención y el seguimiento.
Esto implica reconocer que las mujeres presentan características, experiencias y condiciones sociales específicas que influyen profundamente en el proceso adictivo.
Por ello, se requiere un equipo multidisciplinar compuesto por profesionales de la medicina, psiquiatría, psicología, trabajo social, educación social, enfermería y auxiliares, todos ellos debidamente formados y sensibilizados en género.
La baja autoestima se identifica como un factor de riesgo relevante, tanto en la aparición como en el mantenimiento de la adicción.

Adicciones en mujeres. / iStock
Asimismo, es crucial explorar posibles antecedentes de abusos sexuales, dada su relación con recaídas y vulnerabilidad emocional.
Muchas mujeres con adicciones han sufrido o sufren violencia de género, por lo que es esencial una adecuada detección, evaluación y atención a estas situaciones.
Finalmente, la dinámica familiar debe trabajarse de manera específica, pues muchas mujeres llegan al tratamiento con un bajo nivel de apoyo social, redes deterioradas y un marcado aislamiento, lo que incrementa la importancia de un acompañamiento integral y sensible a su realidad.
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