El modelo de negocio cordobés que permitió reconstruir 40 edificios tras un terremoto, choca con la DANA
La constructora revivió el espíritu de 2011 en la DANA de Valencia, financiando obras a comunidades sin recursos, pero la falta de suministros y el impago de una treintena de fincas empañan su labor de emergencia
Miguel Barea, máximo responsable de la empresa cordobesa Barea Servicios. / Córdoba
En una conversación con Miguel Barea, máximo responsable de la compañía cordobesa Barea Servicios, la mirada se vuelve inevitablemente hacia el pasado; concretamente, hacia el 11 de mayo de 2011, cuando un violento terremoto asoló la ciudad murciana de Lorca. Aquel suceso coincidió con los años más crudos de la crisis del ladrillo, en un sector de la construcción que ya se encontraba profundamente castigado en lo económico.
Barea rememora con nitidez el desconcierto generalizado de aquellos días: los edificios presentaban daños estructurales severos y los vecinos se encontraban totalmente desorientados, muchos subsistiendo fuera de sus hogares y contemplando cómo sus propiedades quedaban reducidas a ruinas. Miguel Barea se desplazó a la zona afectada el 13 de mayo y regresó en un par de ocasiones más. A finales de ese mismo mes, su equipo —al que se sumó Francisco Gavilán, socio y amigo— se estableció de forma intermitente durante cuatro semanas, decididos a encontrar una fórmula viable para desbloquear la situación.
El nacimiento de un modelo en el capó de un coche
El punto de inflexión llegó cuando la empresa estaba a punto de tirar la toalla y regresar a Córdoba. Con el vehículo ya cargado y acompañados por un arquitecto y un ingeniero, detuvieron el coche en la calle Albañilería en plena hora de la siesta.
Allí, Miguel observó a un numeroso grupo de vecinos reunidos con el perito del Consorcio de Compensación de Seguros. Al acercarse a consultar sobre la marcha de los trámites, el perito le aclaró el procedimiento oficial: si se presentaba un presupuesto de reforma, el Consorcio adelantaba un porcentaje para iniciar los trabajos y el resto se iba abonando por hitos a la comunidad de propietarios según avanzara la obra.
Varios momentos de los trabajos de reconstrucción tras la DANA de Valencia. / Córdoba
La solución estaba clara. Barea regresó de inmediato al vehículo y anunció a sus compañeros que se quedaban. Esa misma jornada redactaron un contrato pionero: los damnificados no tendrían que adelantar un solo euro; la constructora asumiría la ejecución integral de la obra y cobraría directamente a través de las indemnizaciones que el seguro liquidara a las comunidades. El objetivo prioritario era sacar a las familias del atolladero.
Ante la magnitud de la crisis, proveedores de toda España acudían en masa a Lorca, y los contratos se firmaban sobre el propio capó de los vehículos debido a la avalancha de necesidades. La iniciativa se saldó con un éxito rotundo: Barea Servicios rehabilitó más de 40 edificios en Lorca y lideró, mediante una UTE junto a Ferrovial (70 %-30 %), la demolición y reconstrucción total desde cero de un barrio socialmente desfavorecido de 232 viviendas. Entre Lorca y la reciente catástrofe de Valencia, la firma cordobesa consolidó este sistema de gestión en intervenciones de menor envergadura en localidades como Vera, Girona o Madrid.
El amargo contraste de la DANA en Valencia
Trece años después, la DANA que devastó la Comunidad Valenciana en noviembre de 2024 reactivó el protocolo de emergencia de la empresa, que se personó en la zona cero apenas dos días después de las inundaciones. El volumen de contratación fue masivo, alcanzando los 147 edificios, muchos de ellos distribuidos en barrios completos.
Sin embargo, el escenario socioeconómico distó mucho del vivido en Murcia. A diferencia de Lorca, Valencia ha adolecido de una escasez de proveedores y una falta de mano de obra tan extrema que ha condicionado severamente el ritmo de las obras. A pesar de las dificultades, la compañía ya ha entregado el 80 % de las fincas y mantiene el 20 % restante en su fase final de ejecución.
La respuesta de una parte de los damnificados, sin embargo, ha empañado el esfuerzo de la constructora cordobesa. Una treintena de comunidades de propietarios ha rescindido el contrato de manera unilateral una vez que el gabinete pericial de Barea consiguió que el seguro ingresara unas indemnizaciones que los vecinos jamás hubieran visto en sus cuentas.
Varios momentos de los trabajos de reconstrucción tras la DANA de Valencia. / Córdoba
La excusa esgrimida por estas comunidades ha sido el retraso de las obras —ignorando la crisis global de suministros—, exigiendo la liquidación de lo ejecutado para encargarse ellos mismos de los remates decorativos, lo que apunta a un posible uso indebido de los fondos destinados a paliar la catástrofe.
Peor es la situación de otros propietarios que, tras percibir el dinero del seguro, se niegan a abonar los servicios prestados, una falta de consideración que obligará a la empresa a dirimir las deudas en los tribunales. Un amargo epílogo para una intervención en la que Barea Servicios asumió el riesgo financiero desde el primer minuto, achicando lodo de los garajes, saneando, pintando y reparando infraestructuras críticas en una catástrofe que dejó más de 100.000 afectados.
Actualmente, el equipo de Barea Servicios se ha desplazado hasta Granada, donde ya se encuentra colaborando con las administraciones de fincas e implantando el mismo sistema de trabajo para ayudar a las comunidades afectadas por los terremotos de los días 15 y 18 del pasado agosto.