Acaba de ser investida doctora honoris causa por la Universidad de Sevilla. Como, hace unos días, Serrat y Maria del Mar Bonet en la Universidad de Barcelona. ¿La cultura académica se abre por fin plenamente a la música popular?

Fue muy emocionante, porque en la Universidad de Sevilla se había hecho un reconocimiento a Pastora Pavón (la Niña de los Peines) en 1963, pero era la primera vez que se investía como doctora a un artista de flamenco, y mujer. El honoris causa a Serrat y Maria del Mar me dio una alegría, porque los admiro y los quiero. Nosotros seremos doctores, pero curando almas y dando alegría.

El flamenco ha evolucionado con fusiones novedosas y generando un tipo de polémica sobre la pureza, a propósito de artistas como el Niño de Elche, que parecía cosa del pasado. ¿Cómo ve esos debates?

Al artista hay que dejarle que haga lo que quiera con libertad. Otra cosa es que te guste o no. Sí que creo que no se puede meter en el mismo saco el cante jondo y según que otro tipo de música. Respeto todo lo que se haga, pero el cante jondo son palabras mayores.

En Rosalía sigue estando presente el flamenco: temas como ‘Bulerías’ o ‘Sakura’.

Yo conocía a Rosalía cuando era cantaora, porque empezó cantando flamenco. A lo que hace ahora no se le puede llamar cante jondo, pero lleva siempre detrás una buena producción, hace muy bien haciendo la música que le gusta y la respeto profundamente.

Usted grabó un álbum, ‘Antología. La mujer en el cante’, en 1996, en una época en que no se hablaba mucho de feminismo.

No hice el disco como un acto feminista, aunque lo estaba haciendo sin querer. El feminismo es una actitud personal, y yo desde muy jovencita he hecho lo que me ha gustado. Siempre he hecho feminismo sin saberlo. Me dijeron que ese disco era un trabajo feminista. Pues muy bien. Si eso es ser feminista, yo lo soy. Y pienso que mientras no exista la igualdad entre hombre y mujer, hay que seguir luchando.

¿Tuvo que afrontar dificultades en el flamenco por el hecho de ser mujer?

Muchas mujeres no han podido sacar la cabeza porque no encontraban compresión para dedicarse al flamenco. Pero eso yo no lo he vivido, porque he tenido la suerte de que en casa mi padre estaba encantado con que yo fuera artista. Y luego, con mi marido (Miguel Espín), un estudioso del flamenco, he tenido siempre ese apoyo.

Estrena en Barnasants un recital asentado en la poesía, ‘Imagen de tu huella’.

Música y poesía, cantada y recitada. Viene Lucía Espín, que es mi hija, ¡pero no está ahí por eso! Ella tiene su carrera como actriz. Hemos preparado un concierto especial donde se va hilando la música que yo hago con la poesía dicha. Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Lorca… 

¿Hay una temática en común en ese repertorio, cierto acento político quizá?

Bueno, yo creo que ‘Andaluces de Jaén’ es una reivindicación y hay poemas que son fuertes. ‘Imagen de tu huella’, de Miguel Hernández, lo es. Pero no pretendo hacer un concierto con carga política. Hay poemas reivindicativos y otros que narran un sentimiento.

Aún esta fresca su gira de 40º aniversario de carrera en solitario, que recaló en el Teatre Grec en la Mercè de 2021, y en la que contó con destacados invitados. ¿No saldrá un disco de eso?

Sí, sí, todos los conciertos los grabamos, porque nos parecía una cosa irrepetible. ¡Poder cantar ‘La saeta’, de Machado, con Serrat! Y compartir con Miguel Poveda, Luz Casal, Martirio, Arcángel, Estrella Morente… Las nanas que hice a cappella con Maria del Mar Bonet. Cuando hemos escuchado esas grabaciones ha sido emocionante. El disco saldrá este año seguro.

Después de la gira de aniversario, el premio Príncipe de Asturias, este honoris causa… ¿Cómo se siente actualmente como cantante?

Pues mira, muy bien, porque lo bonito del arte es ir adaptándote mientras tengas salud e ilusión. Tu forma de cantar cambia, porque no eres la misma persona que cuando tenías 20 o 30 años. El día que no tenga ilusión, me voy, pero de momento, cuando salgo al escenario me siento plena y con ganas de vaciarme ante el público.