Opinión | Con permiso de mi padre
Un chándal para salir
En la mesa y en el juego se conoce al caballero», dice un refrán español. Sin entrar en el espinoso debate de lo que se considera hoy un señor, o del impresentable machismo de que el dicho popular no mencione a las mujeres (como si nosotras no comiéramos o jugáramos), o de si el refrán es apología de la ludopatía o no, creo que hay momentos y lugares en los que se reconoce o, en su caso, se echa en falta la educación (no como formación reglada, sino como saber estar).
Es terrible, por ejemplo, en términos generales, lo que la comida rápida ha hecho con los modales en la mesa; no tanto por el comer con las manos, como por la postura, la manera de llevar los alimentos a la boca, el hablar mientras se mastica... es cierto que eso también ocurre ya en restaurantes ‘de postín’, en los que ves a comensales desparramados sobre la mesa y agarrando los cubiertos de cualquier manera, cuando no comportándose como vikingos desatados como sacados de una película de sesión de tarde en la VHF de los sábados.
Algunos dirán que qué más da, si lo importante es comer, que todo eso de los modales en la mesa es algo trasnochado. Utilizo ese término porque acabo de verlo en un anuncio en el que un hombre (machirulo, presupongo, por la cara de ella) intenta ayudar a una mujer a colocar su maleta en un avión. ¿Es trasnochado ser educados y corteses? ¿Lo es mantener el decoro en el hablar o en el vestir? Puede que en un par de generaciones todos vayamos con deportivas a no ser que algún giro en los acontecimientos lo impida. Claro que llevar tacones es más sacrificado que ir en zapatillas. Imagino que un chándal debe de ser más cómodo que un traje de chaqueta, pero llama la atención ver a chicas adolescentes (y algo mayores también) arregladas, maquilladas y peinadas los fines de semana mientras ellos se conforman con usar ropa deportiva, muy cara casi siempre, bajo la excusa de la comodidad.
También es más cómodo ahorrarse los signos de puntuación y la ortografía, porque al fin y al cabo se nos entiende igual sin ellos (o más o menos). Pues precisamente ahora, se ha decidido que en la EBAU, a partir de 2025, las faltas de ortografía bajarán nota. Cómo debe de estar el patio para que se pueda obtener el título de Bachillerato confundiendo ‘a ver’ con ‘haber’ (recuerdo que ‘haver’ no existe en español).
Por eso creo que la decadencia llega con la dejación y relajación de muchos de nuestros usos y costumbres en favor de lo ‘desenfadado’, lo cómodo o lo desahogado. Porque eso el la civilización: la asunción de unos códigos para cada ocasión, dando importancia no sólo al objetivo sino a las maneras, y actuar con una responsabilidad adulta. Y si algunos no están dispuestos a asumir tales exigencias, por incómodas que puedan resultar, quizás es que no están preparados para vivir en sociedad. O puede que los que no estamos preparados para lo que viene seamos los que entendemos la vida desde la educación y los modales, y que no siempre lo más fácil es lo mejor. Me hago mayor.
*Periodista
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