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Antonio Gil

PARA TI, PARA MÍ

Antonio Gil

Francisco, el Papa de la misericordia y la fraternidad

Se cumplen diez años de su pontificado enmarcado en tiempos muy difíciles para el mundo y la humanidad

Mañana, 13 de marzo, se cumplen diez años del pontificado del papa Francisco, fecha que nos invita a dirigir nuestra mirada a su silueta y a su persona, enmarcada en tiempos muy difíciles para el mundo y la humanidad. En la primera gran entrevista que concedió en agosto de 2013 a la revista ‘La Civiltá Cattolica’ nos ofreció una preciosa «definición-visión» de sí mismo: «Yo soy un pecador en el que Dios ha puesto los ojos». Y más adelante, en esa misma entrevista, el jesuita Antonio Spadaro, director de la publicación, cuenta el momento en que el Papa comienza a hablarle de sí y de su elección. «Me dice que cuando comenzó a darse cuenta de que podría llegar a ser elegido, era el miércoles 13 de marzo durante la comida, sintió que le envolvía una inexplicable y profunda paz y consolación interior, junto con una oscuridad total que dejaba en sombra el resto de las cosas. Y que estos sentimientos le acompañaron hasta su elección». Y, por lo que se ve, hasta el día de hoy, donde en muy pocas ocasiones ha dejado de mostrar aquello que sugirió en el cónclave que debería irradiar el siguiente pontífice: «La dulce y confortadora alegría de la evangelización», al modo de su admirado Pablo VI. En su discurso improvisado en el momento de ser elegido papa, y en su saludo a las personas que había en la plaza de San Pedro, indicó de forma clara lo que después hemos conocido como una de sus metas luminosas: «Una Iglesia en salida». Una Iglesia encerrada en sí misma, escribiría después en su ‘Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium’, es una Iglesia que solo piensa en su prestigio, en su poder, es una Iglesia que, además de empobrecerse, nos ha traído la mayoría de los problemas que tenemos ahora. Y en la primera misa crismal, celebrada a los pocos días de ser elegido papa, ya dejó clara esta idea: «Una Iglesia en salida para salir hacia los demás, para llegar a las periferias humanas, para mirar a los ojos y escuchar o para acompañar al que se queda al borde del camino. Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las periferias donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tan malos patrones. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, y el gestor ya tiene su paga». Y desde aquel 13 de marzo hasta hoy, el pontificado de Francisco, lejos de ser un evento de corta duración, se ha convertido ya en un proceso en sí mismo que, a pesar de muchos, está ayudando a remodelar decisivamente a la Iglesia con el Evangelio como centro y con la aplicación de los elementos más sencillos de la fe cristiana. En este décimo aniversario del pontificado del papa Francisco, nos gustaría confeccionar un «decálogo urgente» con sus principales y sus más bellos mensajes. No es fácil. Son tantas sus expresiones y sus frases luminosas, tantas sus emociones y sus abrazos, que en un lenguaje cercano y transparente ha ido calando y empapando de amor miles y miles de corazones. Si tuviera que elegir sus frases más bellas, sugeriría este decálogo. Primera, «el mensaje de Jesús es la misericordia. Para mí, lo digo desde la humildad, es el mensaje contundente del Señor». Segunda, «prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades» (EG 49). Tercera, «somos albañiles, no jefes de obra; ministros, no el Mesías. Somos profetas de un futuro que no es nuestro». Cuarta, «uno de los retos principales de nuestro tiempo consiste en pasar del primer impulso emotivo de la caridad al hábito sereno de la fraternidad». El ‘hospital de campaña’ es el icono que expresa el sueño de Francisco para la Iglesia del siglo XXI, y transformar ese hospital en una «cultura hospitalaria». Quinta, una frase conmovedora del Papa: «Dios nos juzga amando». Sexta, «vive Cristo, esperanza nuestra. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida». Séptima, «ser joven, más que una edad, es un estado del corazón». Octava, espléndida frase sobre la Virgen: «María era la chica de alma grande que se estremecía de alegría, era la jovencita con los ojos iluminados por el Espiritu Santo, que contemplaba la vida con fe y lo guardaba todo en su corazón». Novena, «la primera verdad de todas: Dios te ama». Décima, «Dios no se cansa nunca de perdonar». Este sería mi decálogo de las «frases más hermosas» del papa Francisco. Gracias y felicidades, Santo Padre, «peregrino de la esperanza» en el mundo de hoy.

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