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Diario Córdoba

Rafael de la Haba

Finito en Córdoba, ¡amén!

Garzón, ese empresario salvador del toreo pandémico y al que habrá que aplaudir que traiga a Córdoba para la Feria a cinco figuras del toreo, se ha equivocado al privar a Córdoba de ver a Finito

Finito y Lagartijo salen a hombros en el cierre de temporada de Los Califas del año pasado, el 23 de octubre.

José María Garzón, empresario de Los Califas, se ha cobrado la última torpeza de Finito. Juan Serrano ha cometido muchas torpezas a lo largo de su carrera. Recuerdo una muy significativa. Reveladora. Hasta jocosa. Los presidentes de las plazas de toros de toda España se reunieron en Córdoba hace muchos años. Celebraban un congreso. Invitaron a Manuel Benítez El Cordobés. ¡Cómo visitar Córdoba y no querer rendir pleitesía (y hacerse una foto, que la admiración también se mide en píxeles) al Beatle del toreo! Y Benítez, el Monstruo (a lo mejor así también lo hubiera calificado en su cuaderno de notas K-Hito si hubiera sido coetáneo de él y no de Manolete), acudió a la llamada. Y se dejó querer y abrazar y fotografiar... Y los presidentes, sabedores de su proyección, también invitaron al que estaba llamado a ocupar un lugar señalado en el califato del toreo. Invitaron a Finito. Y lo esperaron y lo esperaron... Y Juan Serrano no apareció. Dejó colgados, con un palmo de narices, a quienes cada tarde tenían que sacar el pañuelo desde el palco para premiar sus faenas. Pues a esos, a quienes tenían en sus manos darle orejas y rabos por toda España, Juan los dejó tirados. ¡Qué torpeza!

Pero Juan es así. Siempre lo fue. Nada que ver con el Finito de la plaza. Nada que ver con esa luminosa y sublime izquierda, con la rotunda y profunda derecha, con la elegancia del capote mayúsculo… El torero y el hombre. Y el hombre yerra. Y se equivoca. Y alguien siempre está agazapado dispuesto a hacértelo pagar.

"Juan montó su festejo e hizo lo que quiso. Y desde Sevilla (tan cerca y tan lejos de Córdoba siempre) Garzón, que se mordía los labios, se apuntó la afrenta"

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El caso es que Juan, el año pasado, tuvo a bien organizar una corrida por Córdoba y para Córdoba. Así la presentó. Él, tantas veces alejado de Córdoba, displicente con su gente, poco amigo de la cercanía sincera… Curioso. Pero lo hizo. Y lo hizo sin contar con el empresario, a la sazón, José María Garzón. Se atrajo a la sociedad propietaria de Los Califas (un punto torpe también ésta) y consiguió que le cedieran la plaza. Y Juan montó su festejo e hizo lo que quiso. Y desde Sevilla (tan cerca y tan lejos de Córdoba siempre) Garzón, que se mordía los labios, se apuntó la afrenta. Y la rodeó con un círculo, y otro, y otro... Y este año, cuando se puso a organizar la Feria de Mayo, no le hizo falta mirar aquel papel... Recordaba cada círculo concéntrico que había trazado. Y en el medio, un nombre: el de Finito, como una diana. ¿Finito anunciado en Córdoba? ¡Venga ya! Y Finito se ha quedado fuera de la Feria de Mayo. Mitad por su torpeza, mitad por el orgullo del empresario sevillano. Pero Finito, ausente. Y Juan, desencantado; cabreado, diría yo. Incrédulo. Él se lo guisó y Garzón se lo comió. Así ha sido. O así me lo parece.

"Finito tenía que estar, debía estar, se merece estar. Como Curro estaba en cada Feria de Abril"

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Pero Garzón, ese empresario salvador del toreo pandémico y al que habrá que aplaudir que traiga a Córdoba para la Feria a cinco figuras del toreo (aunque no se le perdone que vuelva a anunciar a Juan Pedro Domecq tras el petardo del año pasado), se ha equivocado en este punto. Garzón se ha columpiado. Porque puede ser que muchos, cuando suenen clarines y timbales, no echen de menos a Finito en Los Califas, pero Finito tenía que estar, debía estar, se merece estar. Como Curro estaba en cada Feria de Abril. Porque no se entiende una Feria de Mayo sin Finito. Porque se lo ha ganado en el ruedo. Porque 31 años de matador se merecen ese premio, esa concesión. Porque si Finito no es el sexto califa (mayúscula torpeza, producto de una limitada ambición alimentada en una suficiencia equivocada que le ha impedido mandar en el toreo, condición sine qua non para el califato), sí es el más grande y largo torero de Córdoba tras la época de Manuel Benítez El Cordobés. Y eso es mucho, señor Garzón. Juan se equivocó el año pasado organizando una corrida a sus espaldas. Pero usted se ha equivocado este al despreciar a Finito (lo de ningunear a la novillería cordobesa tampoco tiene perdón de Dios, por mucho que in extremis haya contratado a Lagartijo para mitigar la polémica, intentar salvar la honra cordobesa y, de paso, cuadrar los gastos).

"Y Córdoba calla; siempre lo hizo. Y Sevilla ríe; siempre lo hizo. Y el toreo sigue. Y las torpezas permanecen"

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Así es que Garzón priva a Córdoba de Finito. Y Juan se enfada con Córdoba porque no habla, porque no reclama su presencia, porque no sale en tropel a defenderlo... Y Córdoba calla; siempre lo hizo. Y Sevilla ríe; siempre lo hizo. Y el toreo sigue. Y las torpezas permanecen. Y unos las pagan y otros las cobran. Pero siempre habrá quien lo cuente y lo diga claro: olvídense de Juan y coincidan conmigo que Finito, como el pasodoble Manolete al abrirse la puerta de cuadrillas y el color almagra/rojo/sangre de toro de las rayas de picadores, tienen sitio perpetuo en la Feria de Mayo y son de obligado cumplimiento. Hasta que el maestro decida retirarse... Y repitan conmigo (también Garzón), ¡amén!

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