El 20-N, 48 años después

Manuel Gracia: «La democracia tiene buena salud, pese a la crispación»

"Si el estado de derecho sigue funcionando con normalidad y cada cual se atiene a sus funciones, nuestra democracia seguirá siendo cada día mejor", manifiesta

Manuel Gracia.

Manuel Gracia. / Sánchez Moreno / Óscar Barrionuevo

Irina Marzo

Irina Marzo

En la semana de la investidura de Pedro Sánchez en virtud de un pacto con el independentismo catalán no han sido pocas las voces que han reivindicado el espíritu del 78. CÓRDOBA ha preguntado a cuatro cordobeses de referencia y que estuvieron de algún modo implicados en el proceso constituyente: Manuel Cuenca Toribio, Antonio Barragán, José Javier Rodríguez Alcaide y Manuel Gracia.

Estas son las preguntas realizadas a los cuatro expertos:

  1. ¿Está resurgiendo el franquismo?
  2. ¿Las voces que se oyen son las de siempre o hay partidos que las potencian?
  3. ¿Qué debe seguir vigente del espíritu del 78?
  4. ¿Cuál es el estado de salud de la democracia española? 
  5. ¿Qué futuro le augura?

Y, a continuación, la respuesta de Manuel Gracia:

Lo que está sucediendo responde a varios factores: un franquismo sociológico residual que antes estaba dentro del Partido Popular y tiene expresión política propia al aparecer Vox; una reacción frente al independentismo, especialmente el catalán al hilo del procés; y el auge del populismo ultraconservador en la estela del trumpismo y otras formas de la extrema derecha, como Le Pen y Meloni.

Todo esto ha sido potenciado por la aparición de Vox, que aglutina elementos varios como la xenofobia y el racismo, el machismo, el negacionismo de la crisis climática, el nacionalismo español excluyente y el conservadurismo religioso. Junto a ello, juega un papel fundamental la legitimación que el PP hace de esas actitudes políticas al pactar con Vox, al no desmarcarse de ellas de forma contundente, como está sucediendo estas semanas con los asedios de acoso a las sedes de un partido democrático como el PSOE. Cada vez que el PP justifica el acoso a un diputado socialista, los insultos y destrozos en las sedes del PSOE, y la deshumanización del adversario o el insulto como método de confrontación política, se están blanqueando comportamientos que deberían de ser excluidos en una sociedad democrática. Por eso era tan importante, desde el principio, el trazar una línea de no cooperación con ese tipo de fuerzas políticas, como sucede en países como Francia o Alemania.

El llamado espíritu del 78 es, sustancialmente, el de la Constitución; como ella, debe basarse en el respeto al adversario -nunca el enemigo- y en los principios de soberanía nacional, pluralismo y libertad. Debemos mantener esos valores y sobre ellos, y más allá de ellos, adaptarlos a una sociedad, la española de 2023, que ha cambiado muchísimo en su estructura, en sus valores y en sus actitudes y comportamientos. Tomar el espíritu del 78 como una especie de dogma para arrojarlo a la cara del que no piensa como yo es denigrar o menospreciar ese mismo espíritu. Lo que no es compatible con ese espíritu es deslegitimar al adversario, poner en cuestión las instituciones según la conveniencia de cada cual, y utilizar al poder judicial para obtener lo que las urnas han negado.

Nuestra democracia está en buen estado de salud: acabamos de verla funcionando con normalidad, a pesar del ruido y la crispación. Se celebraron elecciones generales hace poco más de tres meses, hemos asistido a una investidura fallida -la de Alberto Núñez Feijóo- y a otra exitosa -la de Pedro Sánchez-. El poder legislativo cumple sus funciones, el ejecutivo lo hará en plenitud de funciones, y el judicial debería de renovar su gobierno para salir de la irregularidad total en la que se encuentra; si una ley es recurrida ante el Tribunal Constitucional será éste quien decidirá sobre su corrección y serán los jueces quienes deberán administrar con independencia el cumplimiento de las leyes. 

Si el estado de derecho sigue funcionando con normalidad y cada cual se atiene a sus funciones, nuestra democracia seguirá siendo cada día mejor para servir al interés general de la ciudadanía española, que es su razón de ser.