El 20-N, 48 años después

José Javier Rodríguez Alcaide: «No soy optimista para el futuro de la democracia»

«A España se le ha suspendido el aliento. Ayer era vida pero corre el peligro de caminar hacia su muerte», advierte

José Javier Rodríguez Alcaide.

José Javier Rodríguez Alcaide. / Sánchez Moreno / Óscar Barrionuevo

En la semana de la investidura de Pedro Sánchez en virtud de un pacto con el independentismo catalán no han sido pocas las voces que han reivindicado el espíritu del 78. CÓRDOBA ha preguntado a cuatro cordobeses de referencia y que estuvieron de algún modo implicados en el proceso constituyente: Manuel Cuenca Toribio, Antonio Barragán, José Javier Rodríguez Alcaide y Manuel Gracia.

Estas son las preguntas realizadas a los cuatro expertos:

  1. ¿Está resurgiendo el franquismo?
  2. ¿Las voces que se oyen son las de siempre o hay partidos que las potencian?
  3. ¿Qué debe seguir vigente del espíritu del 78?
  4. ¿Cuál es el estado de salud de la democracia española? 
  5. ¿Qué futuro le augura?

Y, a continuación, la respuesta de José Javier Rodríguez Alcaide:

En la actualidad los grupos franquistas son minúsculos y están muy localizados en el espacio. Muchos de sus componentes nacieron después del año 1970. No representan tendencias en las nuevas cohortes a partir de los diez y ocho años de edad.

En realidad, pocos jóvenes, de menos de 30 años de edad, saben lo que es el franquismo, sean o no de cualquier orientación política. La Ley de Memoria Democrática de España ha resucitado los horrores de la postguerra entre los mayores que perdieron a sus abuelos, pero no en los jóvenes quienes sólo han conocido, esquemáticamente, los errores que cometieron los abuelos y bisabuelos de este país.

En la época de la Transición, a los políticos nos veían como adversarios pero no como enemigos a los que excluir. El otro era alguien con quien construir las bases del futuro de nuestra sociedad en libertad y en el que se garantizaran los derechos individuales.

El espíritu de la Constitución del 78 es el diálogo entre diferentes para poder convivir en armonía. Personalmente -fue diputado por Unión de Centro Democrático (UCD) en la legislatura constituyente - tuve buena relación con los diputados de otros partidos políticos desde el año 1977 hasta el año 1982, en que regresé a mi puesto en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La Constitución de 1978 no deja un recuerdo amargo, salvo en los independentistas catalanes que quieren regresar a la época de 1714, quienes cuando la armada inglesa cañonea Barcelona, pidieron ayuda a Felipe V. 

Ahora vienen ecos muy extraños de un pacto con independentistas que no son amables susurros para nuestra democracia.

¿Cuál creo que es el estado de salud de nuestra democracia? Ante la exclusión del otro, en un espacio de diálogo y consenso, y ante el intento de controlar al poder judicial por parte de todos los partidos políticos, transformados en dictaduras, no soy optimista para el futuro de una verdadera democracia en este país.

No me gustaría que España se sembrase de lágrimas como en los años treinta del siglo pasado, ni de espinas, sangre y fuego.

No quiero una España desnudada y pálida, errante en busca de su propia tumba. A España se le ha suspendido el aliento. Hasta ayer era vida pero corre el peligro de caminar hacia su muerte.

Sin diálogo y consenso, al menos entre los grupos más representativos del sentir social, no se podrá sostener este espíritu de 1978.