Un avión sale de Barajas a las 11 de la mañana y llega al aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York a las 8 de la tarde. Se bajan los pasajeros de la aeronave, cogen el microbús para la terminal, esperan su maleta en la cinta de equipajes, comprueban la hora y temperatura locales, muda el móvil de operador de telefonía, pasan la aduana, besan y abrazan a sus seres queridos en la zona de arrivals, pasa todo eso, digo, y a 5.802 kilómetros de allí, los señores capitulares siguen en el turno de ruegos y preguntas. Siguen, como si la vida no les estuviera esperando afuera, a tiro de piedra, en San Pablo mismo, porque en realidad, cuando despertó, el Pleno, que no el dinosaurio, todavía seguía allí.

Y ya con saña: «He consultado con el secretario y me confirma que no tendremos problemas con el toque de queda de las 10. Por mí, la sesión puede durar hasta las 12 de la noche si es preciso», les dijo el alcalde a los ediles a eso de las 8 de la tarde, para rematar. Emoticono de horror. Hay quien apunta que todo esto fue una estrategia urdida por un grupo de concejales para persuadir vía aburrimiento a María Luisa Gómez Calero de que no entre a ocupar la vacante dejada por Eva Timoteo. Quizá quisieran evitarle el chance de tener que elegir entre aterrizar en el grupo de Ciudadanos o verse sola en el grupo de los no adscritos, aunque visto el follón que tienen en el partido de Inés Arrimadas lo mismo ya no tiene ni que deshojar la margarita por extinción de la formación compareciente. Pasemos página, que los ejercicios inútiles conducen a la melancolía.

Partido Popular y Ciudadanos —que aquí de momento dicen que no se van a arrojar cuchillos y que se amarán y respetarán hasta que las urnas los separen o la opa hostil de los populares los funda en un solo cuerpo— han aprobado por fin el anteproyecto de presupuesto para la ciudad de Córdoba en 2021. El año en el que las persianas de los negocios tiritan y las familias hacen el abracadabra para llegar a fin de mes, el gobierno municipal no se está dando mucha prisa que digamos en aprobar su hoja de ruta.

Así, 40 días después de que los socios de gobierno presentaran el documento inicial, el pasado 1 de febrero, las cuentas --a las que para aprobarse de manera definitiva les aguarda todavía un largo trámite administrativo-- presentan un cambio sustancial y dos cambios de colorines. El primero o sustancial incluye una partida de 28 millones para impulsar la implantación en Córdoba de la base logística militar (circunstancia que dio a conocer el Ministerio de Defensa el 5 de febrero y que, por tanto, no se contemplaba en el primer borrador); y lo dos segundos cambios, que se presentan como indelebles, cuando no son más que cambios de pantone. Está, por un lado, el sello naranja, que han impreso los de Cs a las cuentas, aunque nadie ha podido especificar en qué partidas concretas se aprecia la iridiscencia cítrica; y el sello verde, conformado por las aportaciones de Vox, que prestará su abstención al gobierno local si se soterra Gran Vía Parque (una obra que rechazan los vecinos y que los expertos ya han dicho que no se podría hacer); si se limpia el río, porque en Córdoba la limpieza del Guadalquivir es como el Guadiana; y si se arregla la ermita de San Matías, la única que queda por recuperar. Súmenle a este canon, «los flecos» que Salvador Fuentes, delegado de Hacienda, y Paula Badanelli, portavoz de Vox, negociarán a partir de hoy unilateralmente para enmendarle el presupuesto del Imtur a su presidenta y portavoz de Cs, Isabel Albás. IU dijo que carecería de la más mínima «dignidad» si aceptase tamaño veto sin protestar, pero Albás en un ejercicio de practicidad infinita se limitó a bendecir: «Si las propuestas mejoran el presupuesto serán bienvenidas». Amén.

Fichaje en Netflix

Se lo dije la semana pasada: Netflix ha contratado al guionista de Capitulares y ya ha escrito los dos primeros capítulos para la plataforma nacional: moción de censura en Murcia frustrada dos días después con la reconversión de tres diputados de Cs a la fe popular, y adelanto electoral en Madrid con una Isabel Díaz Ayuso empoderada, envalentonada y embalada. Es un monstruo este guionista, no me dirán que no, dos días en el tablero patrio y ya ha liado el sipote al que aquí nos tenía acostumbrados. Españoles, agárrense, que vienen curvas.

Al congreso del PP de Córdoba (envidia le habrá dado al socialismo local tantísima unidad) llegó directo de fajarse en el conflicto murciano Teodoro García Egea. Sacó pecho de los fichajes que había hecho en Cs, aunque las lenguas envidiosas prefieran tildar esas incorporaciones de transfuguismo de libro. Qué barbaridad, mujer, no digas esas cosas.

Contentos con la operación, los populares han abierto la casa común del centro derecha a toda la formación naranja. La opa hostil, camuflada de invitación a té y pastas, puede hacer volar por los aires el edificio que levantó Albert Rivera desde los tiempos en los que se desnudaba para el cartel electoral. Sin ir más lejos, aquí en Capitulares, más de un concejal no dudaría en dar el salto a la barca de Génova y hacer el striptease para Bellido en la intimidad.