Calenda verde
El sexo de los helechos

Un ejemplo de culantrillo menudo en la provincia de Córdoba. / AUMENTE
Llego caminando hasta los Baños de Popea y desciendo hasta el río Guadiato siguiendo el cauce del arroyo del Molino. En las paredes calizas cuelgan rezumantes unos seres vivos que también necesitan del agua para reproducirse y que se muestran pletóricos con las últimas lluvias. Se trata del culantrillo menudo (Asplenium trichomanes), planta que pertenece al grupo de las Pteridofitas o helechos.
Las hojas de estas plantas se denominan frondes. Bajo ellos esconden unas estructuras que generan y almacenan esporas denominadas esporangios, y que precisamente se abren como respuesta a la humedad del ambiente, constituyendo un buen ejemplo de lo que se conoce como hidronastia. Igual que el óvulo o el espermatozoide de un animal, cada espora lleva una baraja mezclada exactamente de los genes de sus padres. Sin embargo, a diferencia de un óvulo o del esperma, la espora aterriza y después germina sin unirse a otra espora. Es el primer indicio de que el ciclo vital de las plantas es radicalmente distinto al nuestro. El sexo en los animales sigue dos pasos: fabrique las células sexuales mediante la división de su biblioteca genética y después fusione el óvulo y el espermatozoide en un nuevo animal. Sólo dos pasos, una simple rotación.
En cambio, los helechos se dedican a algo extraño. Cuando la espora germina surge un diminuto ser de unos pocos milímetros que suele tener forma de corazón. Es el prótalo o gametofito, que produce su propio alimento y vive como un individuo aparte. Pasado un tiempo le aparecerán hinchazones en la epidermis, unas como ampollas, otras como minúsculas chimeneas. Estas ampollas estallan un día lluvioso y liberan gametos masculinos que se desplazan a través de las gotas de lluvia hasta alcanzar el gameto femenino del interior de las chimeneas, y así se produce la fecundación. Del embrión resultante se desarrollará un nuevo helecho, tal como lo conocemos, que se denomina esporofito. Una planta con dos formas o dos caras, como Jano, dios romano que estaba «en medio» de todas las cosas, con una cara que mira al pasado o inicio y con la otra mira al futuro o al final.
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