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Aurora Genovés

TRIBUNA ABIERTA

Aurora Genovés García

Caminar en círculos

Cientos comparten el mismo espacio vital; ordenamos nuestra convivencia lo mejor posible con la esperanza de llegar a alguna parte

Ha transcurrido casi un mes desde la vacaciones de agosto, y ya ha comenzado el curso, que es como decir que hemos estrenado un año nuevo y es que septiembre tiene algo de enero, de hacer planes para el año, de proponerse nuevas metas y de cumplir otras un poco olvidadas. Comenzamos un camino con buenos propósitos: comer mejor, adelgazar, bajar el nivel de estrés, tirar algún mueble viejo, aprender un idioma, o apuntarse a un gimnasio son alguno de ellos, pero ya en apenas treinta días muchos se están quedando en ese camino, aunque como dice el gato de Cheshire, siempre llegarás a alguna parte si caminas lo bastante, aunque también existe la opción de caminar en círculos y entonces siempre se acaba en el mismo sitio.

De vuelta al día a día, el trabajo se torna en trazar puentes de papel para entender el dolor ajeno, y buscar soluciones a medida en un entramado complejo que, además, va cambiando continuamente, en donde a veces, son los detalles los que tienen gran importancia abriéndose paso entre los grandes argumentos, que por su grandilocuencia no se adaptan bien a las pequeñas fisuras que va dejando la vida. No se trata solo de racionalizar las emociones por las que pasa otra persona, se trata más bien de señalar un espacio donde poder asirse y sobrevivir a los acontecimientos.

Cambio impresiones con un grupo de amigas, que me trasmiten su cansancio por la tensión diaria con los tribunales, compañeros y clientes y con ganas de tirar la toalla. Me he reído con ellas y sus comentarios de desánimo, pues a pesar de que vivo lo mismo que ellas, mi tremendo positivismo me mantiene alejada de esos pensamientos apocalípticos y mientras abro mi ordenador leo la última sentencia que me notifica el Tribunal Supremo para darme una suprema alegría y que transmito inmediatamente a mi cliente, con la que compartí en su día una tremenda angustia y derramé alguna lágrima en el juicio, que afortunadamente fue empapada por la mascarilla. Ahora comparto con ella, orgullosa, razonamientos jurídicos del más alto nivel, y la emoción de un trabajo realizado con un resultado justo y es que, muchas veces, el infierno no son los otros, sino algunos de los otros.

Cuelgo el teléfono emocionada por la pequeña conversación que hemos tenido para comentar la sentencia como colofón de estos años de esfuerzo, no hubiera estado bien cerrar este capítulo con un emoticono vía wasap.

No todos los conflictos acaban en los estrados, la vida exige capacidad y fuerza para gestar acuerdos que permitan resolver las contiendas y también cierta dosis de imaginación, flexibilidad y aguante. Ceder en cuestiones que en un principio parecen inamovibles a cambio de conseguir otras, es un arte donde los haya y es que la negociación forma parte de la existencia humana, y de la convivencia.

Pisar la calle es lo que tiene, cientos de personas caminan de un lado a otro, y comparten el mismo espacio vital; ordenamos nuestra convivencia lo mejor posible con la esperanza de llegar a alguna parte, aunque, a veces, más de uno y de dos lo hagan en círculo, es lo que hay.

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