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Un siglo del genio Camus

El día 7 se cumplen 100 años del nacimiento del autor de 'El extranjero'

 

Pedro M. Domene
02/11/2013

"Una biografía no es más que un intento --afirma Olivier Todd--, así que he intentado delimitar los gestos, las manos y el corazón de un escritor en el trabajo, y devolver a Camus sus distintas voces". El propio escritor escribía que "A primera vista la vida de un hombre es más interesante que sus obras", y en dos de sus mejores biografías, Albert Camus (Taurus, 1994), de Herbert R.Lottman, y Albert Camus. Una vida (Tusquets, 1997), de Olivier Todd, se muestra gran parte de semejante aseveración. Celebramos un aniversario profusamente camusiano, que en las últimas décadas nos legaba la agradable sorpresa de entregarnos El primer hombre (1994), el manuscrito inacabado de la que iba a ser la obra más importante del escritor; el texto de 144 páginas fue encontrado en una cartera en el lugar del accidente que llevaría al autor a la muerte, el 4 de enero de 1960. Conviene subrayar que ambas biografías resultan canónicas: Lottman trabajó la suya para mostrar al hombre, y Todd la delimita sin olvidar nunca al escritor. Ambos revisan la compleja y variada personalidad de Camus: sus crisis intelectuales, compromisos políticos que quedarían enmarcados en los continuos devaneos familiares, y la enfermedad que le acompañaría hasta su muerte y le produciría ese sentimiento trágico que dominaría al escritor mismo.

Sobresale en la monumental biografía de Lottman la dedicación tan documentada a los años argelinos, época desconocida que el biógrafo se impuso investigar, cotejando originales, recogiendo opiniones y afirmaciones de contemporáneos; un hecho que redunda en la importancia del conocimiento de este episodio de su vida que sería la época más fructífera de su producción. Su lectura resulta una apasionante aventura para adentrarse en el mundo de Camus, manifiesto de una vida entregada al proyecto de unos ideales, y la puesta en práctica de un pensamiento que, pese a lo trágico, configuró una actitud vital ejemplificada en la decisión de la Academia Sueca, que la señalaría como el mejor compromiso frente a ese totalitarismo reinante en las décadas de los 50 y los 60.

COMPROMISO DE CAMUS

En Albert Camus --escribiría Jean Paul Sartre-- se dio la "admirable conjunción de una persona, de una acción y de una obra". Durante algún tiempo pareció tenerlo todo: vitalidad, encanto y un éxito precoz que le llevaría al Premio Nobel en 1957, considerado como uno de los escritores más comprometidos de su época. En realidad, Camus iba a sucumbir ante numerosos y graves problemas a lo largo de su vida: el controvertido apoyo que concedió a causas poco populares, enmarcadas en no pocas dificultades personales durante los años de la Segunda Guerra Mundial, posteriormente la independencia de Argelia, incluidas desavenencias familiares, o su propia enfermedad que le obligaría a un silencio literario durante años. Educado en la pobreza y en la humildad más absolutas, los recuerdos del escritor provienen del populoso barrio obrero de Belcourt, donde creció, en el piso de una abuela, y donde el contacto con la población musulmana era aún mayor. Los europeos eran de origen francés, la excepción fueron sus ascendentes maternos, la familia Sintes, originariamente de emigrados españoles.

Belcourt terminaba en el mar, en sus calles se hacinaban pequeñas industrias que daban vida al barrio. La familia Camus-Sintes trabajó en una modesta tonelería, en la calle Lyon; para el joven, al atardecer, los adolescentes se lanzaban a la calle y, además, se encontraban los recordados viejos cines en los que Camus iba a ver los mitos de Hollywood. El "extranjero" de su primera gran novela vivía en la calle Lyon: "Mi habitación da a la calle principal del arrabal. La tarde era hermosa. Sin embargo, el pavimento estaba grasiento", escribe el protagonista. Aquí se formaría, física e intelectualmente, y conseguiría hacer el bachillerato y estudiar filosofía. Empezó a publicar con diecisiete años en el pequeño Sud , que en los números de marzo, mayo y junio de 1931 recogería sus primeras colaboraciones: Un nouveau Verlaine; Jehan Rictus, el poeta de la miseria y La philosophie du siécle , respectivamente, que le abrieron las puertas de un nuevo mundo y merecieron la opinión del afamado Max Jacob, quien en septiembre de 1932 llegó a afirmar: "El Sr. Camus me parece un joven con porvenir; muestra una fe en el arte que podría transformarse en otras fes" --aseguraba el suave y dulce poeta que moriría, años más tarde, deportado por los nazis, en el campo de Drancy, de un Camus que diez años más tarde irrumpiría en la literatura francesa con la publicación de El extranjero .

Durante su etapa universitaria, se enamoraría de una criatura extraña, caprichosa y mitómana: Simone Hié, el inicio de un final infeliz. Vio en ella el objeto de sus mejores ensoñaciones, el mejor oído para celebrar sus poemas y prosas y el mejor desarraigo sensitivo que nunca podía imaginar; ella se adscribió a su mundo, sin dejar a un lado lo que desde los catorce años había encontrado en la droga. Se casaron el 16 de junio de 1934, en una simple ceremonia civil. El había comenzado sus estudios universitarios en 1933 y durante todo el primer trimestre se había dedicado a cortejar a la joven; al finalizar el curso consiguió un certificado en Psicología y la pareja se instaló en un barrio agradable de los altos de Argel. Herbert R. Lottman señala que "no es nada fácil tratar de identificar un efecto inmediato en esta curiosa convivencia con Simone Hié en la vida de creación y de trato de Albert Camus. En sus escritos de entonces, así como más tarde, parecía poner todo su amor propio en evitar cualquier personaje que pudiese ser identificado con su mujer". A partir de 1935, Camus se dispuso a afianzar sus compromisos políticos y se unió al Partido Comunista con una discreción extremada, como se caracterizaría en todos sus actos. Fue un comunista lúcido, sin cargo de importancia en el partido, esgrimió una serie de razones de peso para desdeñar el aparato político y siguió las enseñanzas recibidas respecto a la ortodoxia del Partido Comunista: las de su antiguo maestro y consejero espiritual, Jean Grenier.

El joven de veinticinco años decide dedicarse a buscar un oficio y escribe a Gabriel Audisio, el protector de los jóvenes escritores del norte de Africa, pero Audisio le habla de las dificultades en aquellos momentos de depresión, aunque le insta a trasladarse a París. Camus se decantó por un trabajo en el Instituto de Metereología y de Física Terrestre, que dependía de la Universidad de Argel, con un cómodo horario que terminaba a las cuatro y le permitía, las tardes y las noches, dedicarse a sus otras tareas. En 1938 le surge la posibilidad de integrarse en un nuevo proyecto, el periódico Alger Républicain , que aparecería el 6 de octubre; después en Le Soir-républicain , en 1940, y un año más tarde en París-Soir , que le llevaría del París ocupado a Lyon, y de nuevo a París tras la liberación, donde el matutino renacería con el nombre de France-Soir .

En 1941, Albert Camus y Francine Faure, a quien había conocido en 1938 y con la que se había casado en diciembre de 1940, se dirigen a Marsella con el propósito de embarcarse para Argelia. Se instalaron en Orán durante algún tiempo. Camus volvió a París el 1 de junio de 1941; Gallimard le ofreció un empleo estable, y el mundillo literario seguía vivo, los escritores escribían y