TESTIMONIO

Empleada del hogar despedida en Córdoba: "Me echaron como un perro cuando pedí la baja"

Una mujer de 65 años que trabajaba como interna denuncia que la despidieron al sufrir un lumbago por hacer un esfuerzo trabajando

Sufrió un accidente laboral y fue despedida de la casa donde trabajaba.

Sufrió un accidente laboral y fue despedida de la casa donde trabajaba. / CÓRDOBA

Araceli R. Arjona

Araceli R. Arjona

Belinda (nombre ficticio) tiene 65 años y hace unos días que tuvo que abandonar a toda prisa la casa en la que llevaba casi dos años trabajando, tras ser despedida de forma fulminante de la casa en la que trabajaba como empleada de hogar interna en un pueblo de Córdoba. «Me echaron como un perro después de que pidiera la baja al empeorar por un lumbago que me dio al hacer un esfuerzo para cerrar una puerta atascada», explica. Eso ocurrió en agosto, «pero no quise que pedir la baja entonces por miedo a perder mi empleo, así que seguí trabajando con dificultad, esperando que la cosa fuera mejorando poco a poco, pero el dolor ha ido a peor». 

En su carta de despido, explica, que firmó como «no conforme», no figura el motivo por el que se prescinde de sus servicios. «El hijo de la señora a la que cuidaba me dijo que me echaba porque no podía hacer mi trabajo, aunque le recordé que eso había ocurrido precisamente haciendo mi trabajo». Según Belinda, la familia tenía cámaras instaladas en la casa para controlar lo que hacía, «por lo que les era fácil comprobar que lo que yo decía era cierto». Por eso, se muestra indignada ante lo que, según CCOO, tiene toda la pinta de un despido improcedente. 

Natural de Ecuador, lleva más de 20 años en España y ha trabajado como interna en otras casas del mismo municipio cordobés y de todas guarda un buen recuerdo. «La señora a la que cuidaba en esta casa tiene alzhéimer y sufría brotes», señala, «me gritaba y me miraba mal, alguna vez me levantó la mano, aunque nunca llegó a pegarme, pero yo siempre la he tratado con respeto porque sabía que estaba enferma». Sus tareas abarcaban la limpieza de la vivienda --una casa de dos plantas-- y la atención de la dueña, una señora nonagenaria. También cuidaba de uno de sus hijos, de 55 años, con discapacidad, que vivía en el mismo domicilio.  

"Hasta ese momento, no había tenido queja de la familia"

Hace unos días, el hijo encargado de gestionar el contrato de Belinda le informó de que se tenía que ir y que debía hacerlo esa misma semana. «Yo le pedí por favor que me diera más tiempo para poder llevarme todas mis cosas con mi hijo, pero no quiso y tuve que pedir ayuda a conocidos del pueblo para irme». Indignada por el trato recibido, afirma que lo que quiere es que se haga justicia. «Hasta ese momento, yo no había tenido queja con la familia y ellos tampoco conmigo, en esa casa me hicieron un contrato indefinido, cobraba 1.260 euros incluyendo las pagas extra y los hijos se han portado siempre muy bien conmigo, pero no hay derecho a que, por un accidente laboral como el que me pasó, te echen a la calle de esa forma», recalca, «yo ya no les servía y no han tenido miramientos, me echaron porque ya habían encontrado a otra persona y no me lo dijeron hasta el último momento».

Actualmente, se encuentra de baja, ya que unos días antes había acudido al médico porque el dolor no remitía con el tratamiento, por lo que no sabe cuál es su situación laboral. Preocupada, ayer acudió a la sección Hábitat de CCOO, donde la asesoría jurídica le ha informado de que estudiará su caso, los derechos que la asisten y si el finiquito que le han dado es el que le corresponde. Al haber estado contratada más de un año, gracias a la última reforma, debería tener derecho a paro, aunque todavía no ha solicitado la prestación, a la espera de lo que le diga el sindicato