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Diario Córdoba

FERIA DE CÓRDOBA

La Feria menguante

El número de casetas instaladas en El Arenal ha ido cayendo progresivamente mientras la remodelación definitiva del recinto ferial, consensuada en un dictamen, sigue pendiente de ejecución pese a la oportunidad de la pandemia

Evolución del número de casetas en la Feria de Córdoba. Diario CÓRDOBA

Hace 28 años que la Feria de Nuestra Señora de la Salud se mudó a El Arenal, una apuesta de ciudad que requirió una inversión de más de 2.000 millones de pesetas para transformar 32 hectáreas de huertas y establos en un recinto ferial. En 1998, 174 colectivos abrieron caseta, justo el doble de los que lo harán el próximo 21 de mayo. Ese día, se hará más evidente que nunca el adelgazamiento de la Feria de Córdoba, un símbolo quizás de la necesidad de nuevos aportes con los que revitalizar la fiesta.

El recinto volverá a recibir visitas tras dos años de parón provocados por la pandemia que no se han aprovechado para vestir de limpio El Arenal y en un entorno marcado por la inflación desorbitada, con menos empresas dedicadas a este tipo de montajes y otros condicionantes que han disparado los costes hasta expulsar a casi una decena de colectivos de la Feria, incapaces de asumir la inversión.

Sin embargo, no es un proceso nuevo. La Feria lleva años menguando. Y no solo la portada, que se redujo a la mitad por decisión del Ayuntamiento en el 2012. Cuatro años después de la inauguración, ya tenía 25 casetas menos y cinco años más tarde, perdía otras 25. Desde 2013, la cifra no superó el centenar de carpas, a excepción del 2019, la última Feria antes del covid, en la que abrieron 102.

Desde el 2013 no se había superado el centenar de carpas hasta el 2019 y ahora ha caído en picado

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En julio del 2018, con Carmen González como concejala de Promoción de la Ciudad, el Ayuntamiento anunciaba el inminente cambio del Plan Especial Arenal-Fuensanta, consensuado con la comisión de Feria, para convertir el espacio en recinto definitivo y abandonar así una situación de provisionalidad que ha frenado en todos estos años la ejecución de obras de mejora (canalización de agua, cableado del tendido eléctrico, acerado, cambio de pavimento, espacios de descansos, servicios, fuentes) y la instalación de estructuras a cota cero. La creación de la comisión y las negociaciones abiertas con el Ayuntamiento animaron ligeramente la participación entre el 2017 y el 2019. Pero en política, del dicho al hecho, siempre hay mucho trecho. Y cuatro años más tarde, con un dictamen cerrado y un proyecto de reforma elaborado y donado al Ayuntamiento por la Asociación de Casetas Tradicionales con respaldo de toda la comisión de Feria, la cuestión sigue empantanada. La única excepción ha sido la ejecución de una parte de la obra de mejora de la calle del Potro, acabada hace unas semanas, que se estrenará en esta edición y que no ha sido del agrado de toda la comisión, ya que no cumple las expectativas iniciales, que preveían pavimentar toda la calle, instalar acerado a ambos lados de la misma y permitir la apertura de las casetas que lindan con ella hacia ese lado. Está claro que la empresa licitadora ejecutó lo que se le había encomendado, pero según los colectivos, la encomienda no corresponde con lo que se les comunicó que se haría. El siguiente paso será la canalización del alcantarillado y las aguas residuales del recinto ferial, que tiene prevista Emacsa. La comisión ya ha solicitado conocer los detalles antes de que empiece para que el resultado final no les pille por sorpresa como ha ocurrido con la calle del Potro.

La portada de la Feria de Córdoba de este año 2022.

La portada de la Feria de Córdoba de este año 2022. Diario CÓRDOBA

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El dictamen de la feria preveía dar un cambio de concepto a la fiesta y organizar el recinto en torno a unas cien casetas cuyos espacios podrían ser solicitados no solo por peñas, cofradías o colectivos sociales, sino también por empresas interesadas en instalarse en el real. Si hasta ahora han estado presentes subcontratando casetas a entidades adjudicatarias a cambio de un canon, con el cambio podrían solicitar espacio y abrir caseta pagando al Ayuntamiento.

Según Juan Andrés de Gracia, presidente del Consejo del Movimiento Ciudadano y miembro de la comisión, «en el nuevo modelo, las empresas interesadas podrían solicitar su espacio en las mismas condiciones que los colectivos, lo que daría recursos al Consistorio para reinvertir en el recinto». También se previó que el Consistorio ayudara con esos fondos a las casetas sin ánimo de lucro para sacar adelante su caseta. El Ayuntamiento podría recibir así más solicitudes de forma directa y seleccionar, sin la trampa del colectivo intermediario que ahora se exige como condición. «Ahora mismo, la concesión de casetas a ciertas entidades es en realidad una tapadera para la explotación de la misma por una empresa, cuando lo ideal sería hacer en esos casos una concesión directa, algo en lo que todas las partes estuvimos de acuerdo», señala. Ese cambio de concepto quizás permitiera dar brío a la feria y sumar nuevas incorporaciones.

El fin de la provisionalidad del recinto y la ordenanza de feria, temas pendientes

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Además de esa trampa, el Ayuntamiento consiente desde el principio otra fullería. Por un lado, obliga a todos los colectivos a derribar las instalaciones de sus casetas y empezar de cero los montajes cada año y, por otro, hace la vista gorda con las estructuras de las casetas de la calle Guadalquivir, donde casualmente se instalan los partidos políticos y algunas instituciones. Según De Gracia, «eso tendría que corregirse y que todo el mundo cumpla las mismas exigencias». Ese doble rasero, el exceso de burocracia y el eterno aplazamiento de las mejoras del recinto han hecho mella en los caseteros, reduciendo poco a poco el número de carpas en El Arenal.

La gran afluencia que a buen seguro se registrará este año en el recinto, después de dos años sin la fiesta grande de mayo, no debería ocultar, por tanto, las tareas pendientes, entre las que urge concretar de una vez el cambio del plan especial y aprobar la nueva ordenanza de feria, que se viene gestando desde finales del año pasado y que aún se está cociendo.

Otras cuestiones

El gusto de los jóvenes por las laderas del río como urinario público ha ido mejorando y en las últimas ediciones se ha conseguido abrir los baños de obra del recinto para ofrecer alternativas a los vertidos al Guadalquivir. El botellón, sin embargo, persiste. Resulta difícil establecer el origen exacto de esta práctica, que, al contrario que la Feria, en lugar de menguar, se expande.

La falta de sombras y el escaso porte de los árboles sigue siendo una asignatura pendiente. Por más que en alguna ocasión se experimentara instalando un microclima en la calle de Enmedio para sofocar el bochorno, nadie ha dado con la tecla para mejorar este tema. El último anuncio al hilo de las sombras data del 2018, cuando se habló de colocar un sistema de entoldado con el que paliar los efectos del sol abrasador, pero aquello no se llegó a concretar por los que lo idearon y el nuevo gobierno, que se sepa, tampoco ha reparado en estos años en el tema, así que seguramente habrá que recurrir otra vez a la crema, la gorra, las gafas y los abanicos de cartón para pasearse por la Feria. Y que salga el sol por Antequera.

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