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Inteligencia y presteza

 

Antonio Moreno Ayora
13/12/2014

Siempre es difícil saludar a un nuevo poeta, pues no sabes si sonreír tras haber leído sus versos, mostrarte circunspecto por no haber entendido nada o en expectativa esperando que alguien comparta tu opinión de una u otra índole. Sin embargo, una nueva voz que ya siempre irá unida a un nombre es, de por sí, una alegría, y un motivo para ampliar el horizonte del lector.

Muchos son los poemarios que en estos últimos meses hemos conocido de La Isla de Siltolá (El umbral de piedra, Las meditaciones de Caronte, Brizna perdida o Además del llanto ), y uno especial resaltado sobre su inconfundible mosaico multicolor, Demo , así, de Jaime Sánchez Martín, al que le prestamos atención porque intuimos que no quiere hacer discurso poético sino poesía del discurso, que es lo mismo que decir plasmación intuitiva y fugaz del secreto de la palabra.

Quizá sus sesenta y cuatro poemas (LXIII más I) sean solo flashes que iluminan un instante de emoción lírica o de comprensión racional de la anécdota. No en vano el autor es fotógrafo y músico, y por ello su ambición por captar el instante --tan diverso siempre-- o por reproducir un acorde emotivo es normalmente lo prioritario, y esencialidad es el rasgo que mejor lo define.

Momentos fugaces, motivos para que surja el pensamiento, aprehensiones en que lo lírico es racional y la razón emoción, esto es lo que refleja, como límpida imagen, cada poema de este sevillano nacido en 1995. Y con esa claridad llegan los mensajes de III: "¿Dónde se supone / que vomito / lo que pienso"; de LVIII: "En la vida / sufrimos una vez: / constantemente"; o de LXII: "En esa pianola / solo suena / el miedo". Más que en la emotividad --lejos, pues, lo romántico--, Jaime Sánchez Martín se posiciona en el pensamiento, en la comprensión o redescubrimiento de la realidad, expuesta casi en su fragmentarismo cubista; y por ello usa como recursos la definición ("El color en la noche / es siempre luz"), a menudo la antítesis ("Estoy repleto / de vacío"), y a veces la greguería ("Las hojas caían / combatiendo / entre ellas").

No es una poesía de salón o sofá, sino de autobús y metro. Ha de captarse con la misma aparente rapidez --pues hay mucho de reflexión y análisis-- con que ha sido concebida y con la celeridad que permite una mínima detención en la prisa del camino. De ahí que el poema se reduzca normalmente al esquema de tres o cuatro versos de cómputo breve, y que el mensaje sea consecuencia de una apresurada --que no incoherente-- reflexión de viajero: "El bienestar / es el encargado / de forrar tu ataúd / de borreguito"; "Hay palabras que son fuego / porque solo dejan humo".

Escribe también Jaime Sánchez Martín que "Enseñar / es aprender": él ha mostrado, o reiterado, una senda lírica por la que el lector ha de transitar observando y comprendiendo con inteligente presteza su descarnado paisaje.

'Demo'. Autor: Jaime Sánchez Martín. Edita: La Isla de Siltolá. Sevilla, 2014.