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LA SEGUNDA DE EUROPA

La anciana más longeva de España cumple mañana 115 años

La cordobesa, nacida en Puente Genil, vive en una residencia geriátrica en Barcelona

 

Ana Vela, con sus hijos, en una foto de archivo al cumplir 110 años. - Foto: ALEJANDRO GARCÍA (EFE)

PACO NIEBLA / EFE
28/10/2016

Ana Vela Rubio, la anciana más longeva de España y la segunda de Europa, cumplirá mañana 115 años arropada por los profesionales que la cuidan en la residencia geriátrica pública La Verneda de Barcelona, donde vive desde hace seis años.

Ana Vela nació el 29 de octubre de 1901, en Puente Genil (Córdoba), llegó a Cataluña en los años 40 y desde que cumplió los 103 años reside en este centro geriátrico, cerca de donde vive la única hija que le queda viva, que tiene 89 años, está delicada de salud y que ha expresado su deseo de no hacer declaraciones este año a los periodistas.

"Ana nunca se ha puesto enferma y ni siquiera se costipa", ha declarado a Efe David González, director de la residencia geriátrica, en la que viven 80 ancianos, además de los 30 que acuden al centro de día y los 1.200 socios que tiene el hogar del jubilado del centro.

González, que estos días no para de atender a los periodistas que se interesan por Ana, ha explicado que durante esta semana han hecho una celebración "íntima e interna" en la planta en la que está la anciana, que ya no camina y que ha perdido sus facultades cognitivas.

No habrá una celebración pública de los 115 años, un edad hito en la historia de la longevidad en España, porque ni la mujer está ya para muchas fiestas ni sería adecuado para el resto de residentes de la residencia, donde también viven otros cuatro internos con 100, 102, 103 y 105 años y cuarenta con más de 90.

Vela, la persona más longeva que jamás ha vivido en España y entre las cinco más viejas del mundo, según el Grupo de Investigación en Gerontología (GIG), es también la segunda más anciana de Europa tras la italiana Emma Morano, que ha cumplido 116 años

Modista de profesión, se trasladó desde Puente Genil a Cataluña en la década de los 40, donde empezó a trabajar como cortadora-modista en el sanatorio de tuberculosos de Terrassa (Barcelona).

En 2005 empezó a acudir al centro de día de la residencia y desde hace seis es residente fija de la Residencia, Centro de Día y Hogar La Verneda de Barcelona, que gestiona la Fundación Salud y Comunidad y cuya titularidad corresponde al Instituto Catalán de Asistencia y Servicios Sociales de la Generalitat.

González ha explicado que la rutina de cada día de Ana Vela, que no está encamada, es que las cuidadoras le levanten a las 10 de la mañana y esté en la silla de ruedas hasta la comida. "Come bien y triturado, como el resto de internos que necesitan comer triturado", ha comentado el director.

Sobre las cuatro de la tarde vuelve a la cama. Aunque cognitivamente ya no recibe estímulos, abre los ojos y mantiene una mirada simpática. "No aparenta 115 años, hay residentes más jóvenes que parecen mayor que ella", ha destacado González.

"Nosotros la tratamos como una más, para nosotros es especial pero no recibe un trato especial, no la tratamos como si tuviese 115 años", ha puntualizado.

Ana Vela siempre ha sido una mujer "superamable, supercariñosa y muy optimista", quizás ello esconde el secreto de su longevidad, y también su fortaleza física que le ha ayudado a superar la muerte de tres de sus hijos y de sus hermanos, el último este mismo año.

Hija de Pedro y Carmen, con estudios primarios y católica practicante, Vela trabajó como modista en su casa durante muchos años, tuvo cuatro hijos, de los que sólo vive una hija, cuatro nietos y varios biznietos, además de un sobrino.

Su familia ha sido siempre la gran pasión de Ana Vela, según cuentan sus cuidadoras, que la definen como una persona cariñosa y habladora de la que también destacan que era una gran aficionada a la lectura y salir a pasear son sus amigas cuando su movilidad aún se lo permitía.

Un sobrino suyo, que ya tiene 66 años, se ha mudado a vivir a Londres y el resto de familia vive en Málaga y ya no pueden venir a verla tan a menudo a la residencia, donde no le faltan los mimos.

Aunque varias entidades del barrio de La Verneda han solicitado poder hacerle un homenaje y obsequios por su 115 aniversario, los geriatras que la cuidan lo han desaconsejado para no perturbar su tranquilidad y no crear ansiedad al resto de longevos de la planta.