Opinión | escenario

Divorcios

Pasado mañana, San Valentín. Corazones rojos, corazones de oro, corazones de plata. Tartas en forma de corazón. Bombones, ramos de rosas, botellas de vinos caros y burbujeantes. Perfumes. Joyas. Cenas, bailes, viajes a destinos románticos por tierra, mar o aire, cruceros para solteros que buscan el amor... La emoción de conquistar o de reconquistar. Avivar la llama. Afirmar y confirmar el sentimiento que se ha convertido en el telón de fondo de nuestra vida y nuestros pensamientos. El amor. Y un gran negocio forjado alrededor de él, porque el mercado es imparable y consigue hacer que nos sintamos desgraciados si no participamos en la magna celebración que, fíjense --ya lo comentamos la semana pasada-- este año coincide con el Miércoles de Ceniza, el Día de los Enamorados.

Frente a estos gloriosos datos, los divorcios en España cotizan al alza. Más de la mitad de los que se casan, se separan. Más del 30% lo hace en los diez primeros años de matrimonio; casi el 40%, entre los diez y los diecinueve años de estar casados; más del 20%, entre los veinte y los veintinueve. Y el resto, después de treinta años de estar juntos. De esto se deduce que cualquier momento de la vida es bueno para divorciarse y que nunca es tarde para ello. Las causas --siempre según las estadísticas-- son la falta de compromiso, la infidelidad, las peleas, los matrimonios a edades tempranas, los problemas económicos, las adicciones... También hay un buen porcentaje que vuelve a unirse tras una ruptura más o menos dilatada. Y parejas que, tras muchos años de exitosa convivencia, se casan y, casi inmediatamente, les sobreviene el fracaso. No será tan fácil el tema cuando hay miles de estudios y libros escritos sobre él.

Coincidíamos el otro día, en jocosa tertulia, en que los divorcios deberían celebrarse --de hecho hay quien los celebran lo mismo que las bodas-- pero por lo visto, el Día Mundial de los Separados y Divorciados ya está inventado y la Asociación de Fomento de Torremolinos --Torremolinos tenía que ser-- propuso para su conmemoración el segundo sábado de septiembre, celebrando La noche de los corazones rotos, que a pesar del sangrante título, más parece inclinarse a la juerga que a situaciones dolorosas. Pero pasado mañana se celebra el amor, el amor con mayúsculas; y --como en las novelas románticas-- el triunfo del amor sobre dificultades o impedimentos. El Día de los Corazones Felices.

* Académica

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