Opinión | TRIBUNA ABIERTA

45 años de la Constitución

Es el mecanismo indiscutible del que disponemos para afrontar los retos de futuro y avanzar

Cuando el espíritu de la Transición (el mismo, por cierto, que el Rey Felipe VI reivindicaba hace unos días en el Congreso de los Diputados ante la atenta escucha de la Princesa de Asturias, que acaba de cumplir 18 años, en el arranque de esta legislatura para aminorar la crispación instalada en la clase política y en la sociedad), cuando el espíritu de la Transición, decía, alumbró la Constitución Española allá por 1978, yo tenía dos años. Soy, por tanto, hija de la democracia, criada y crecida en un país que se arremangó valiente y decidido manos a la obra para recuperar el tiempo perdido y converger con Europa y el resto del mundo desde una Andalucía atrasada, olvidada y menospreciada que viajaba en el vagón de cola de las regiones de nuestra España.

Los hombres y, aún pocas, mujeres que lo hicieron posible hace ya 45 años aportaron lo indecible para aparcar las diferencias y encontrar puntos en común desde el entendimiento, el consenso y los acuerdos, porque eran bien conscientes de que nos jugábamos nuestro ‘statu quo’ en el orden internacional entonces, pero también ahora.

Que la Constitución es lo mejor que le ha pasado a España no tiene enmienda. No sólo porque nos ha permitido vivir décadas de progreso, de convivencia y de paz, sino porque nos dio los mimbres para hallar nuestra fortaleza como país desde el mejor ejemplo de concordia y generosidad.

Fue, y es, la mejor garantía de futuro, sobre todo porque entonces ató en corto y blindó una democracia recién nacida y balbuceante que ahora, 45 años después, sigue reforzándola en su joven madurez anclando los derechos y libertades y afianzando la cohesión social y el avance de todos los españoles vivan donde vivan, defendiéndola ante todo de quienes pretenden debilitarla. Con los años hemos ido aprendiendo a convivir todos y todas en una sociedad que ha dado pasos de gigante en solidaridad, justicia social, en libertades y en igualdad, precisamente porque la Carta Magna ha brindado los mejores años de nuestra historia reciente.

Sin embargo, y contra quienes quieren ver la Constitución con los ojos de ayer, como si fuese una foto fija en blanco y negro, inamovible y estancada, yo discrepo. La Constitución se ha ido amoldando a la sociedad española transitando por unos años en los que, entre todos y todas, hemos construido una España cuyos fundamentos básicos, como la sanidad, pensiones, educación, igualdad y respeto a los derechos individuales, quedaron consagrados en el texto que nos rige.

Es el mecanismo indiscutible del que disponemos para afrontar los retos de futuro y la máxima herramienta como instrumento para avanzar y seguir construyendo los mejores años... Es una ventana abierta a quienes se sienten diferentes para ser iguales, y abre paso a nuevos desafíos y oportunidades para responder a las nuevas generaciones.

Y, precisamente, porque debemos aprender de cómo la Transición se despojó de todo aquello que conducía al bloqueo o a la exclusión, está hoy en día más vigente que nunca la utilidad de nuestra Constitución para tejer acuerdos, tender puentes y hacer de la sociedad española lo que realmente es: una España moderna, plural, diversa, que respeta las minorías, protectora de los avances en igualdad y defensora de los intereses de las nuevas generaciones que nos tomarán el relevo para hacerla aún mejor y más grande, puesto que ésta es también su Carta Magna, la Constitución de los jóvenes.

Suscribo sin ninguna duda que cada vez que alcanzamos pactos estamos ensanchando el legado de la Constitución, porque fueron el diálogo, la negociación y el acuerdo los tres pilares sobre los que se construyó.

Pero necesitamos generosidad, voluntad y, sobre todo, disposición para eliminar de nuestro día a día los discursos de odio y de miedo que traen los extremismos, sumamente peligrosos, porque prenden entre los más jóvenes, echa gasolina a los argumentos contrasistema, mutan en ‘fake news’ y aviva la división y el enfrentamiento de tiempos pretéritos entre españoles y españolas.

La generosidad, pues, de los partidos políticos que han tenido la alta responsabilidad de gobernar nuestro país, a las duras y a las maduras, nunca puede ser moneda de cambio. Se es partido de Estado cuando se abre puertas y ventanas al contrario estando en el gobierno y también en la oposición. Y desde luego, desmerece de ello quienes se envuelven en la bandera y se autoproclaman ser guardianes de la Constitución, pero mantienen secuestrado el Consejo General del Poder Judicial, el máximo órgano de jueces y juristas, desde hace 5 años en un ejercicio de trilerismo político que los desacredita y deslegitima para dar lecciones de constitucionalidad.

La Constitución Española está por encima de todo y de todos. Su permeabilidad a las sensibilidades de la nueva sociedad española es su gran baza. Y el testigo que tomarán nuestros jóvenes para, no tan lejos, afrontar retos, ampliar derechos y conquistar nuevos logros dentro de una España sólida, robusta y con mucho, mucho futuro.

* Secretaria general del PSOE de Córdoba y diputada en Cortes