Opinión | TRIBUNA ABIERTA

Tarde de teatro

Hace unos días se representaba en el salón de actos del Ayuntamiento de La Carlota, organizado por el Ateneo Cultural Carloteño, la puesta en escena de ‘Vientos del pueblo’ en homenaje a Miguel Hernández por el Grupo La Barraca XXI. Herederos del teatro ambulante que crearan Eduardo Ugarte y Federico García Lorca para llevar nuestro teatro clásico por el mundo rural, ‘Vientos del pueblo’ lleva algún tiempo representándose. El montaje de la obra es sencillo e imaginativo: en un programa radiofónico en directo dos locutores (María Jesús Monedero y Bartolomé García) relatan momentos de la vida trágica del poeta de Orihuela (interpretado por Bernardo Ríos) ilustrados con la recitación de una selección de su poemario. Realmente la vida y el pensamiento de Miguel Hernández se expresan en versos de hondo sentir y telúrica raíz, y te agarran: o te indignas o lloras, y aún no sé qué vientos nos llevaban al acto en un país donde flamean banderas golpistas y cánticos fascistas en las calles de algunas ciudades. El salón estaba lleno y los actores recitaban entre aplausos del público. Solo un par de mujeres abandonaron la función con disgusto. Tal vez no sabían quién era Miguel Hernández.

Pero lo impactante es el final. Cuando el poeta, preso en la primavera de 1939, se sienta en el banquillo de los acusados en el consejo de guerra que habría de condenarle a muerte, el locutor Bartolomé García toma el papel del fiscal y su acusación la reproduzco por si a alguien le sirve de reflexión:

«Con la venia, señorías.

[...] Aquí estáis, desechos humanos, escoria, hienas. Aquí estáis por fin la canalla más canalla, los rojos que habéis sido aplastados por el Glorioso Alzamiento Nacional, abanderado por nuestro Glorioso Caudillo insigne Generalísimo militar de Nuestra Cruzada. Aquí estáis, aquí los tenemos. Criminales. Asesinos, que no merecéis ser llamados hombres, sino animales. Horda, chusma: la más bestial podredumbre se ha hecho carne en vuestra mal llamada lucha porque no es otra cosa que la pelea, perdida desde siempre, del demonio contra Dios, al que representamos y representaremos siempre aplastando vuestras cabezas criminales y salvajes[...] Ignorantes, incultos, analfabetos, chusma podrida [...] Asesinos, infra-hombres, resentidos, ladrones [...].

-Y tú, Miguel Hernández Gilabert, más culpable, más asesino, más criminal, menos hombre, porque eres más culto, porque te llamas poeta, y, sin embargo, has defendido ese lodazal rojo hediondo; porque, sabiendo distinguir el bien del mal, has optado por este último [...] Tú, despreciable Miguel Hernández Gilabert, el más podrido de los podridos [...] por haber escrito contra muestra cristiana patria, por haber incitado a muchos a luchar contra nuestra Gloriosa Cruzada, mereces, como todos estos canallas, la pena de muerte y mil veces la pena de muerte que te será impuesta sin compasión, por tus culpas, por tus asesinatos, por tu mal llamados poemas, ejemplo de la mala e infernal escritura [...]».

-¡Uf! --oí decir con alivio--. Es una recreación literaria en una representación teatral.

 ** Comentarista político y periodista