Opinión | Colaboración

Urgente. 36.429 muertos

La diferencia está en el escenario: atacar a Israel es atacar a EEUU

Cuando hace unas semanas el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió para considerar la propuesta de reconocerle al pueblo palestino la creación de un Estado de pleno derecho en la ONU, Robert A. Wood, representante alternativo de los EEUU, fue el único que, haciendo uso del derecho de veto de su país, levantó el brazo oponiéndose.

Y yo me pregunté qué estaría sintiendo este hombre. Porque, bueno, no debería serle fácil olvidar sus orígenes ni cómo las gentes de color no tuvieron plenos derechos a votar hasta hace bien poco en «la democracia más consolidada del mundo»; cómo por esas fechas empezaron a considerarse afroamericanos; y cómo solo antes del «antídoto» Obama la mayoría de ellos soñaban con un estado propio independiente de los blancos y lejos del Ku Klux Klan. Ahora no sé por dónde andarán huyendo del racismo.

Pero, ya digo, me resultó extraño. ¡Habían sufrido tanto desde la esclavitud para que alguno saliera del gueto y llegara allí donde la comunidad internacional lucha por los derechos humanos y la justicia universal! Recuérdese que a estas gentes de color en la II GM, si caían prisioneros, los nazis los exhibían como subproductos humanos, y en la guerra de Vietnam su mismo país los usó como carne de cañón. Por eso digo yo que me resultaba extraño que alguno de ellos, en medio del genocidio en Gaza, levantara el brazo dando alas a los crímenes de guerra por los que la Corte Penal Internacional acusa a Netanyahu, como hizo el señor Wood. No me explico cómo no le recordaba al nazismo.

Es cierto que en los campus universitarios de EEUU se han levantado protestas que recordaban los tiempos de Vietnam. Pero hay una cierta apatía general en ese país con un gobierno de Biden responsable de la situación por razones ideológicas, geoestratégicas y hegemónicas que se pretende defender. La diferencia está en el escenario: atacar a Israel es atacar a EEUU. Esta es la enseñanza y la represalia sin que muera ningún ciudadano norteamericano, ni blanco ni negro. Solo palestinos hambrientos y madres desgarradas en tal destrucción de su hábitat, desprecio de la vida humana y horror que nos obliga a apagar los noticieros. Y es lo que yo les digo a los que nos lean: los 15.000 niños asesinados en Gaza, ¿no os recuerdan, ¡oh, cristianos!, al abominable Herodes I, el Grande, y «la matanza de inocentes»?

Es evidente que no. Más claro lo vi cuando Donald Trump, juzgado, condenado y cabreado, dijo eso de que «vivimos en un Estado fascista». ¡A buena hora, mangas verdes!

*Comentarista político

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