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María Olmo

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María Olmo

Dos dimisiones con «empujoncito»

Los motivos de salud en las salidas de Lastra y Delgado no esconden el alivio que producen

Las señoras han copado la actualidad al comienzo de la semana, en un breve y negativo interludio que deja paso desde ayer a los caballeros. Cuando el lunes la compañera de la Ser Inma Carretero soltó la exclusiva de la dimisión de la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, me puse el cronómetro a ver cuanto tardaba Twitter en enredarse en la polémica del machismo-feminismo a cuenta del embarazo de riesgo de la dirigente política y otras sinrazones. Nada, el potaje estuvo en ebullición en cuestión de minutos y todavía sigue hirviendo, si bien enseguida se sumaron a la espuma de la actualidad otras mujeres saliendo a la palestra en posiciones más o menos incómodas, y los juicios sumarísimos se repartieron ya el martes entre la señora Lastra, la ya exfiscal general, Dolores Delgado, que dice que dimite también por razones de salud, y la exdiputada de la CUP Anna Gabriel, que se entrega al juez porque sabe que su condena será mínima y desea poder venir libremente a este país extranjero llamado España. Gabriel ya está instalada en Suiza, donde es secretaria general del sindicato más importante (quién lo hubiera dicho) y no tiene intención de volver a la política catalana (al menos a jugársela).

Así que el Tribunal de la Opinión Pública (TOP) tuvo con qué entretenerse, aunque eso no significó que al hacer presa en Delgado se haya olvidado a Lastra. Libres somos de opinar... ¿No lo estoy haciendo yo? Pues decía que hay motivos de salud en las dos dimisiones, que se utilizan también de escudo para resolver otros graves problemas políticos e institucionales dando una patada hacia adelante. En el lado político, la metedura de pata de la valoración que hizo Adriana Lastra al día siguiente de las elecciones andaluzas (más o menos, que los éxitos de gestión vendidos por Juanma Moreno los había obtenido disparando con la pólvora del Gobierno central y que no le habían dado tiempo al candidato socialista, Juan Espadas, a darse a conocer, qué malos son) queda así saldada, y el presidente Pedro Sánchez tiene las manos sueltas para hacer cambios en la estructura orgánica del PSOE y en el Gobierno a ver si frena el avance del Partido Popular. En el lado humano, es razonable que Lastra deje un estresante escenario de protagonismo político si su embarazo es de riesgo y quiere velar por la criatura. Cualquiera lo haría. Y más si puede seguir siendo diputada y llevar a casa las habichuelas con comodidad. La polémica ha estado en por qué no se ha dado de baja, como haríamos todas las trabajadoras, y, la verdad, esto trae el recuerdo de unos cuantos diputados y diputadas que todos conocemos y que han vivido y viven como curas con dos parroquias porque, al no estar en primera fila de los cuchillos parlamentarios, su trabajo se hace muy agradable. ¿Por qué no va a seguir Adriana en su escaño si tantos padres de la patria de todas las provincias gozan de estas maravillas, incluidas las dietas y los buenos precios del bar del Congreso? Pero siendo mujer, la pasamos un poco por los cuchillos, para que quede bien afiladita.

El estrés se está cargando a muchos personajes públicos. El problema de espalda o lo que sea que padezca la fiscal general ya dimitida, Dolores Delgado (escandaliza que tengamos que saber las intimidades de salud de estas señoras) debe estar acentuado por el enorme sufrimiento que habrá estado pasando en esta lucha sin cuartel con su propio gremio y con la oposición política. Se diría que ella se lo ha buscado, pasando de ser ministra a fiscal general sin dejar un ratito de reposo, lo que como mínimo suena a poco ético, e intentando (sin éxito) un puestazo ‘porque sí’ regulado por ley al dejar el cargo, enfrentada a muchos y... El por qué ha aguantado en el cargo es una auténtica incógnita, aunque el nombramiento de su segundo hace pensar en ese gatopardismo del que hablan los columnistas cultos, Dios me libre. Son dos dimisiones con «empujoncito», que permitirán aclarar el escenario político e institucional, sin olvidar que detrás de los cargos públicos y las caras mediáticas hay seres humanos que viven y sufren. Pena no dan ninguna, pena dan los que no pueden pagar la luz, pero tienen derecho a decidir sus pasos y a obtener respeto y privacidad.

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