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Diario Córdoba

Marisa Vadillo

LA CAFETERA DE ASPASIA

Marisa Vadillo

Paula Bonet y las anguilas

Siempre que veo la obra de la pintora y escritora Paula Bonet pienso en una de las artistas plásticas más fuertes gráficamente que han existido en la historia. Me refiero a Käthe Kollwitz, la primera mujer en ocupar una plaza en la Academia de las Artes de Prusia, en el año 1919.

La fuerza gráfica en los dibujos o grabados de Kollwitz venía de sus entrañas, pero no de sus entrañas de madre o abuela (que también) si no de sus entrañas plásticas de artista y activista. Kollwitz no dibujaba, Kollwitz rugía. Perdió a un hijo en la I Guerra Mundial, y a un nieto en la segunda. Motivos más que suficientes para que su compromiso social, su pacifismo, su arte de denuncia hacia los más desfavorecidos, explotara en su obra como balas de cañón. Un arte que fue tachado, como no podía ser de otra manera, de degenerado por el régimen nazi. Por el partido de Hitler, ese joven al que no admitieron como pintor (para nuestra desgracia y la de seis millones de judíos) en la Academia de Bellas Artes de Viena, suspendiendo su ingreso en varias ocasiones.

Paula, como Kollwitz, también sabe de pérdidas, y de infiernos, de un lado y de otro, del plástico y del visceral. Esos infiernos personales son los normales que habitan en la existencia de cada uno de nosotros. Lo que no forma parte de su vida ni de su condición es el acoso al que lleva sometida desde hace tres años por un desconocido que ha amenazado con violarla, matarla y descuartizarla... Un acoso que continúa a pesar de que el energúmeno ha entrado ya en la cárcel dos veces por este motivo. Una cosa son tus infiernos y, otra muy distinta, que un desconocido te baje a los suyos, a sus miserias, porque le da la gana.

Hace unos días ella misma escribía una preciosa columna titulada ‘La belleza de estar viva’. Es evidente que no hay mayor belleza porque, aunque personas como Paula Bonet o Kollwitz tengan una fuerza ingente, la condición humana necesita equilibro, seguridad, calma. Por ello, la artista ha tomado la decisión de retirarse de la vida pública. Hay que ser muy valiente para tomar esta decisión, en ocasiones una retirada es una victoria, un alarde de fuerza y seguridad. Nunca se sabe lo que un mediocre es capaz de hacer por despecho... No tenemos más que pensar en Hitler para que se nos hiele la sangre.

* Artista y profesora en la Universidad de Sevilla

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