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Diario Córdoba

Aurora Genovés

TRIBUNA ABIERTA

Aurora Genovés García

Mujeres en negro

Para los amantes de la novela negra, Cordoblack es una oportunidad para conocer los entresijos del crimen literario

Sin tiempo para reponernos del intenso Mayo en Córdoba, con el traje de gitana aún manchado del albero de la feria, comienza junio con una interesante programación que nos adentra en el mundo de la novela negra: Cordoblack.

Para los amantes del género es una oportunidad para conocer los entresijos del crimen literario, las tramas que te enganchan y no te dejan parar de leer y adivinar, todo un reto, quién es el asesino antes de que lo desvele el autor. Todo el mundo conoce ya cómo y cuándo interviene un forense, la importancia de una huella dactilar, el análisis del ADN, la triangulación de las señales telefónicas, el georradar, y el contenido de los mensajes de wasap. Con la lectura de las novelas policiacas, y las series de televisión, todos llevamos un detective dentro.

Los argumentos se alejan o acercan a la realidad según el autor quiera tenernos en vilo, con tramas, a veces, de lo más inverosímil, pero que mantienen al lector pegado al libro, al fin y al cabo, se trata de una novela, no de un documental, aunque en algunos casos la descripción de los hechos más bien pudiera serlo.

Buscar al asesino, seguir las pistas, adelantarse a los acontecimientos y adivinar el final, nos lleva por un camino trepidante donde los acontecimientos suceden con la rapidez que requiere no dormirse por el camino. De la mano del policía o investigador de turno se nos desvelan los detalles del caso, el astuto e inteligente autor es un cliché del que conocemos casi todo. Por el contrario, la víctima se representa mayoritariamente como una mujer que es asesinada a la primera de cambio, de la que apenas tenemos información. Mujeres atadas, golpeadas, acuchilladas, violadas y asesinadas sin piedad, víctimas sin historia, excusas para el relato, donde el verdadero protagonista es el investigador o el asesino. He leído muchos libros en los que la mujer en cuestión, es asesinada en la página 30, por ejemplo, y el asesino nos mantiene en vilo hasta la página 536, pongamos por caso. De la pobre chica muerta apenas si sabemos nada, su papel es secundario, casi una anécdota, su protagonismo le ha sido arrebatado junto con su vida a favor de su asesino que recibe toda la atención del lector.

Estos clichés en los que los hombres son los detectives, con vidas desarraigadas, bebedores, trasnochadores , solitarios y las víctimas son las mujeres débiles, desmembradas y olvidadas, van cambiando rápidamente, reflejo de una sociedad en donde las mujeres son también detectives, juezas, forenses o investigadoras, y los hombres también víctimas de crímenes espantosos, y con el cambio de los papeles en las tramas policiacas vemos cómo de mano de las actuales y prometedoras escritoras se incorpora con fuerza la intervención de la víctima en el relato para interactuar con el fatal desenlace, o para evitarlo.

Las mujeres son, mayoritariamente, las lectoras de este tipo de novelas, pero ahora también hay una gran cantidad de mujeres escritoras de novela negra que aportan en sus relatos un punto de vista muy interesante; el planteamiento, la observación, el análisis de las pruebas se enriquece con sus comentarios, aportando una visión del mundo femenino alejado de los antiguos clichés que ya no obedecen a la realidad. Hasta tal punto cobra fuerza este fenómeno en el que el suspense también tiene una nueva perspectiva en el género negro, que ya se ha acuñado un término para nombrarlo: ‘Femicrime’, que identifica a las novelas de género criminal escritas por mujeres en las que el personaje protagonista es, a su vez, una mujer también.

El género negro se renueva continuamente: de los estereotipos machistas donde el malvado, el héroe, el alcohol, la violencia extrema, la corrupción eran cosas de hombres y a las mujeres se las relegaba al papel de débiles, tontas, conflictivas, psicópatas o malas, hemos pasado a un panorama en el que los personajes se construyen sin las limitaciones impuestas por perfiles tan alejados de la realidad.

Como escribió Mark Twain «La única diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción tiene que ser creíble».

* Abogada

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