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Diario Córdoba

Casiana Muñoz Tuñón

APRENDER PARA CONTAR

Casiana Muñoz Tuñón

Santiago Ramón y Cajal

«No era divertido ni atractivo. El premio Nobel español no respondió al estereotipo de genio»

En este momento tendría que escribir sobre la invasión de Rusia a Ucrania. Sin duda, el tema más importante, el que más nos conmueve, sobre el qué más hablamos y el que más nos preocupa. Sin embargo, no creo poder añadir nada nuevo, nada interesante, nada que ayude. Me limitaría a mostrar mi tristeza y profunda preocupación. Tenemos que buscar referentes, asuntos, que nos ayuden a superar esta época tan triste y, por eso, les voy a hablar de una serie antigua que he visto recientemente sobre don Santiago Ramón y Cajal.

Aunque ahora hay muchas series, a veces interesa volver a las cosas buenas que no hemos visto o no hemos leído, aun así no son lo último de la actualidad. Es el caso de una serie de Televisión Española ya antigua, de 1982, que se compone de nueve episodios y narra la vida del gran médico español. La serie cuenta con la extraordinaria actuación de Adolfo Marsillach, que hace de Santiago, y su mujer Silveria protagonizada por Verónica Forqué. Fernando Fernán Gómez borda la semblanza del padre, que tanta influencia tuvo en la vida y trayectoria científica de Cajal. La serie tiene un tempo lento y la narración abarca desde su nacimiento hasta su muerte, algo más de 80 años que fue lo que vivió nuestro gran médico, y narra la aventura de su vida que incluye su participación en la guerra de Cuba. Fue un hombre entre dos siglos y también un hombre de su época. Cajal no era un hombre divertido ni atractivo, era constante y tan metódico que podría resultar aburrido. Al ver la serie uno piensa que la heroica es Silveria por su dedicación y amor. Sin embargo, y porque las cosas casi nunca son como aparentan, el calado de la personalidad de Cajal es inmenso aunque, aún así, yo diría que no es un héroe estándar, ni de película ni de serie.

La importancia de nuestro protagonista es mucho más profunda y parte de un tesón que raya en la cabezonería; Cajal era pertinaz e insistente. No se perdió, sabía lo que quería y fue a por ello de modo casi obsesivo, contra viento y marea.

Santiago Ramón y Cajal era un personaje rebelde porque luchaba contra lo que se esperaba de él en cada momento y por la simple razón de que buscaba otra cosa. Se aferró a su vocación y eso sí es heroico, entonces lo era y ahora también lo es.

Es curioso cómo el gran premio Nobel español no respondió al estereotipo de genio. Su gran valor, su fortaleza, venía de perseguir una intuición y desarrollar una técnica, con la laboriosidad y meticulosidad propias de un artesano. Era muy importante su figura como referente alternativo. Nos gustan los estereotipos, genios tocados por un soplo divino que los hace excepcionales. Sí que hay figuras en la historia de la evolución del ser humano que lo son, pero el avance, el conocimiento y los descubrimientos vienen también de la mano de personas como Cajal, inteligentes, trabajadoras, y dedicada a un fin con un tesón imbatible.

El entorno era particularmente importante en Cajal porque su círculo lo conectaba al mundo. Santiago Ramón y Cajal estaba tan centrado en su pensamiento y en su trabajo que la interacción con los demás era muy limitada y ahí fue esencial la figura de su compañera de vida, Silveria Fañanás García. Su mujer, excelentemente representada por Verónica Forqué, lo apoyó y admiró siempre; un tópico que se repite. Más allá de lo justo o injusto de la sociedad, las personas buscamos complementarnos y en el caso de Santiago Ramón y Cajal encontró su complemento ideal en Silveria; Creo que, de no haber tenido esa compañera, ese apoyo, que le permitía dedicarse exclusivamente a su trabajo y al mismo tiempo le daba seguridad, no habría llegado a ser el sabio, citado como padre de la neurociencia. Cajal puso un laboratorio en su casa, o, mejor dicho, hizo de la casa su laboratorio; Ocupó el espacio íntimo del hogar con sus experimentos, con sus microscopios; el primero comprado con los ahorros de Silveria para mantener el hogar y otro prestado del laboratorio de la universidad, por lo cual fue muy criticado por algunos puritanos colegas. Lo cotidiano, soportado por Silveria, se mezclaba siempre con lo transcendente, con su visión, su obsesión de entender cómo funcionaban las conexiones del sistema nervioso.

Era también importante el vínculo arte-ciencia en la que algunos enmarcan a nuestro sabio. Santiago era un excelente dibujante. Xavier Nueno, en la publicación Ciencia y Arte en España, de Ramón y Cajal al siglo XXI, con motivo de la exposición conmemorando la Fundación Nobel en Suecia, en diciembre de 2021 escribió: «El dibujo es instrumento de representación y de investigación, de tal manera que lo bello y lo verdadero forman un todo inseparable». El dibujo, elemento imprescindible en los científicos del siglo XIX, con Cajal despegó hacia una descripción detallada y exacta de la naturaleza que veía a través del microscopio, usando su pericia de dibujante. A partir de entonces ciencia y arte se irán separando, y en adelante la realidad será plasmada con medios mecánicos y objetivos, como la fotografía. La importancia del método de ilustrar lo que ve, en Cajal estribaba en que investiga lo auténtico, lo real, sin mitificar, sin buscar la belleza, aunque en lo último falla pues sus dibujos son extraordinariamente hermosos.

En la controversia entre subjetividad y objetividad en las imágenes científicas y artísticas estaba la base de la polémica entre Ramón y Cajal y Camilo Golgi, científicos que unieron su destino compartiendo el Nobel de Medicina o Fisiología en 1906. Golgi es el padre de la «reacción negra», la técnica que usaba Cajal en sus investigaciones y que lo llevó a desarrollar la teoría de la neurona. La reacción negra tiñe las estructuras celulares con dicromato potásico y las hace visibles al microscopio. Cajal mejoró la técnica para descifrar lo que no entiende, lo que intuye que no puede ser así. Buscaba tejidos jóvenes en los que las huellas celulares eran más claras, mejoró el proceso de preparación de tejidos, en un alarde de pericia de fisiólogo y así, acabó usando la técnica de Golgi para desbancar la teoría reticular; desentrañó la maraña del tejido y aisló las estructuras esenciales que lo conforman, las neuronas y sus conectores axiones y dendritas. El descubrimiento de Cajal está plasmado en miles de dibujos que muestran las formas de los tejidos teñidos hasta doce mil se conservan de nuestro Nobel. Toda una vida dibujando con exquisita precisión lo que veía con su microscopio hasta encontrar la verdad última.

Termino retomando el principio de este artículo. No me he salido por la tangente ni menospreciado el gran drama en Ucrania; sólo intento buscar recursos para tener fortaleza; ocupar mi mente en cosas constructivas y en esta ocasión en un referente para la humanidad y que nos ayuda a mantener la fe en el individuo y en todos como sociedad.

* *Astrofísica

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