Y llegó el Equinoccio de otoño, y con él, Mabon, una de las ocho festividades que los neopaganos celebran homenajeando la abundancia de la Tierra antes del invierno, un tiempo de alegría en el que se agradece al Sol, por haber permitido la recolección de todo lo sembrado. Justo, el momento perfecto para morir y volver a renacer, para plantar las semillas futuras.

Anecdótico, sin duda, resulta el hecho de que Axiom, empresa constructora de la primera estación espacial privada, haya elegido estas fechas concretas, para dejar constancia en la sociedad del asombroso momento que el ámbito espacial atraviesa y para vaticinar que la generación de hoy tendrá el gran privilegio de ver nacer al primer bebé en el espacio. Y no solo eso, sino que también podremos fabricar órganos en 3D o implantes en un módulo interestelar, plantar y cultivar semillas en la Luna o viajar por el Cosmos.

Potentes decretos para un futuro no muy lejano, unas decenas de años nada más, cuando quizás nuestro planeta esté en una situación más que delicada, en peligro de extinción. ¿Preparando la evacuación?

Despierten de una vez, manada de carroñeros líderes mundiales, que con su ignorancia y su obsesión por el poder y por hacer realidad sus sueños cortoplacistas, esto es, engordar bien sus bolsillos, están dejando morir esta maravilla de planeta.

Y es que las perspectivas para la Tierra son «más espantosas y peligrosas de lo que generalmente se cree». A esas conclusiones llegó el foro de científicos que a primeros de año valoró el estado actual de nuestra civilización. ¿Cómo remediar la devastación climática, más pandemias, la debacle de la humanidad?

Sembrando desde ya, y en nuestra Tierra, la semilla adecuada, esa que pretenden exportar a otras galaxias.

** Periodista y profesora de Universidad