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Misterios / La Córdoba de leyenda

El enigma de la Candelaria

De una leyenda piadosa con origen en las Canarias proviene la advocación a esta Virgen que luce un extraño manto

 

El autor del artículo ante la imagen de la Virgen de la Candelaria en la iglesia de Santa Úrsula, en Adeje. - JOSÉ MANUEL MORALES

José Manuel Morales José Manuel Morales
17/02/2019

hace un par de semanas, el 2 de febrero, multitud de hogueras iluminaron la noche cordobesa tanto en la capital como en numerosos puntos de nuestra provincia. Esta curiosa celebración en honor a la Virgen de la Candelaria siempre ha llamado mi atención, y por eso, he aprovechado mi última estancia en Tenerife, isla de la que proviene la advocación, para investigar sus orígenes. Lo que descubrí allí me sorprendió, y estoy seguro de que a usted le ocurrirá lo mismo.

Cuenta la leyenda piadosa que dos pastores guanches –aborígenes canarios que habitaban la isla antes de la llegada del cristianismo– hallaron en el siglo XIV, varada en la oscura arena de la playa, una reluciente estatuilla de cabellos dorados, por cuyo manto se repartían multitud de caracteres sin sentido aparente. No sabían que se trataba de la Virgen María, pero la palidez de su rostro y su extrema belleza los cautivó, haciendo que su pueblo comenzara a adorarla al instante. Cuando los castellanos redescubrieron la isla, los guanches se defendieron con piedras y palos. Aun así, su extraordinario arrojo y gran conocimiento del terreno les permitió resistir casi cien años. Finalmente, las Canarias cayeron en manos de la Corona de Castilla en 1496. Los Reyes Católicos impusieron su fe en todo el archipiélago, y la estatua de la Candelaria pasó a manos de los dominicos, que la cuidaron con especial devoción. Tampoco ellos fueron capaces de descifrar los extraños símbolos que había escritos por todo el manto de la Virgen.

El 7 de noviembre de 1826 un gran temporal arrasó Tenerife y devoró media isla. Casas, corrales, huertas, caminos y ganado fueron engullidos por las aguas, en la mayor catástrofe natural de su historia. Incluso el convento en el que los frailes custodiaban la imagen fue literalmente arrancado de sus cimientos y arrastrado mar adentro, con lo que la talla original se perdió para siempre. Al año siguiente se encargó una nueva, que es la que hoy está expuesta en la basílica de Nuestra Señora de la Candelaria, al noreste de la isla. Pero el artista decidió esculpir una virgen… ¡Totalmente negra! ¿Qué le llevó a realizar dicha transformación? Dicen que el aceite de nuez con el que se limpiaba la figura y el humo de las velas pudieron oscurecer el color de la madera, y que la memoria quizás jugó una mala pasada al imaginero. Pero no parece una explicación capaz de convencer a nadie. Quienes han leído mis libros saben que desde hace años sostengo que las vírgenes negras actúan como balizas; allá donde hay una, nos está indicando que en ese lugar se ha rendido un culto atávico a las fuerzas de la naturaleza. Y creo que la Candelaria, dada a su relación con los aborígenes paganos, no va a ser una excepción.

Varios años después comenzó a circular el rumor de que la auténtica estatuilla de los guanches, la de los extraños símbolos en el manto, había sido recuperada de la catástrofe y se encontraba a salvo en una pequeña iglesia situada al sur de la isla. Esta leyenda aún no ha sido desmentida, lo que me motivó a acercarme hasta la iglesia de Santa Úrsula, en Adeje, para intentar salir de dudas. Al llegar encontré la capilla de la Virgen cerrada, pero tras utilizar un pequeño subterfugio conseguí que me la abrieran –el gracejo andaluz suele funcionar en estos casos–. Y allí estaba ella, tan reluciente como la hallaron los aborígenes, y con su manto aún repleto de inquietantes letras rojas sobre fondo dorado. ¿Qué mensaje esconderán esos extraños símbolos que traen de cabeza a los historiadores desde hace siglos?

Recientes estudios revelan que podría tratarse de numeración griega medieval, un tipo de cifrado que utilizaba letras para disimular cifras. Según esta hipótesis, las series de caracteres inscritos en su cinturón estarían camuflando el número 1307. Curiosamente, este fue el año en el que fueron encarcelados los templarios, una orden militar que, según se especula, podría haber navegado en secreto hasta América varios siglos antes que Cristóbal Colón. Los defensores de esta teoría siempre han asegurado que para ello debieron contar con una encomienda oculta en las Islas Canarias. ¿Está la figura mariana aludiendo al gran secreto de estos enigmáticos caballeros medievales? A día de hoy continúa siendo una incógnita.

Sea como fuere, el culto a la Candelaria se encuentra bastante extendido en Córdoba, sobre todo en la provincia. En Priego, Cabra, Nueva Carteya, Adamuz y Fuente Palmera entre otros, las hogueras de principios de febrero vienen acompañadas por numerosos actos festivos, que evocan ceremonias cuyo origen ya nadie recuerda. En la capital, además, tenemos una calle y una ermita desacralizada, dedicada a esta virgen tan canaria como hermanada con el misterio.

(*) El autor es escritor y director de Córdoba misteriosa. Puede seguir su trabajo en www.josemanuelmorales.net

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