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ronda (málaga) / LXII Goyesca

Un rotundo Roca Rey, a hombros

 

María M. Alba (Efe)
02/09/2018

Toros de Juan Pedro Domecq, el sexto como sobrero al ser devuelto el tercero y correrse turno, de buena presentación, nobles y de buen juego en general.

Morante de la Puebla, de beige tostado y pasamanería en oro viejo: dos pinchazos y estocada (ovación); estocada (ovación)

Cayetano, turquesa y pasamanería en blanco: estocada recibiendo (dos orejas); media (ovación tras aviso)

Roca Rey, de celeste y pasamaneria en azabache: estocada levemente caída (dos orejas tras aviso); media (oreja tras aviso)

En cuadrillas, saludó Iván García tras parear al quinto de la tarde.

La plaza registró un lleno de "no hay Billetes" en tarde agradable.

El peruano Roca Rey fue el gran triunfador de la tradicional Corrida Goyesca de Ronda (Málaga) después de cortar tres orejas, formar un lío en ambos toros y derrochar mucho valor, temple y toreo del bueno, en una tarde en la que Cayetano cortó dos orejas, mientras que Morante se fue de vacío. El toreo se daba cita en el centenario coso de Ronda para vivir un año más la tradicional corrida Goyesca, en su LXII edición, en este primer año sin que Francisco Rivera Ordóñez Paquirri actuase como torero y ya sólo como empresario. Otra novedad en la tarde fue el traje goyesco que lució Morante de la Puebla, diseñado por la sevillana Vicky Martín Berrocal y confeccionado por Justo Algaba.

Morante estuvo inspirado ante el primero de la tarde, un animal que se fue viniendo a menos, y al que recibió con su majestuoso capote de seda. Con la muleta, cuando se lo estaba sacando hacia los medios, tropezó en la cara del animal, librándose tras hacerse él mismo el quite. Faena de belleza y hondura por parte del de La Puebla, que caló entre los tendidos, y malograda con la espada. El cuarto fue un animal mucho más parado y soso al que tuvo que provocar mucho el sevillano que ya casi al final de la faena consiguió los mejores pasajes sobre la mano diestra.

Cayetano, que reaparecía tras 20 días convaleciente de una lesión costal, recibió por verónicas al segundo de la tarde y lo llevó al caballo por chicuelinas al paso de muchísimo gusto. Muy buena fue la primera tanda sobre la diestra, con el juanpedro surcando el albero con el hocico. Faena de mucho gusto del madrileño, muy compacta, de hondura y mano baja. Dos orejas. El quinto fue un toro soso y de pocas fuerzas al que Cayetano. que brindó faena a su mozo de espadas, Ramiro Curá, anduvo muy comprometido para tratar de sacar algo potable de un astado que nunca iba metido en la muleta. Lástima que el público estuviera más atento a los solos del pasodoble Concha Flamenca interpretado por la banda que a lo que sucedía en el ruedo. Accidentada fue la salida del bonito tercero, que sufrió un espasmo muy extraño que acabó en un fuerte topetazo contra las tablas. Ardua tarea para acabar con el animal, que quedó descoordinado. Se le intentó apuntillar pero finalmente tuvo que ser Roca Rey el que acabase con su vida. El peruano estuvo inmenso ante el sustituto que saltó después, que en realidad era el que estaba reseñado como sexto. Lo mejor del primer tercio, el quite que instrumentó por chicuelinas a compás abierto y de manos muy bajas. Cumbre.

La faena de muleta la inició con ayudados por alto muy ajustados y un par de pases por la espalda. Con la diestra fue haciéndole muy bien las cosas al de Juan Pedro, bajándole mucho la mano y llevándoselo atrás de la cadera. Por el izquierdo el animal se ceñía en cada uno de los pases hasta que en uno de ellos se lo llevó por delante con la fortuna de que lo encunó y no resultó herido. La bernardinas finales fueron de infarto, citando al toro totalmente de frente y cambiando la dirección en el último momento. Dos orejas.

El sexto y último de la tarde fue el toro que estaba reseñado como primer sobrero, también de Juan Pedro Domecq, cuya lidia brindó a los hermanos Rivera Ordóñez, para, acto y seguido, comenzar la faena con un cambiado por la espalda en la misma boca de riego.

El de Juan Pedro daba siempre un tornillazo al final de cada muletazo y llevaba la cara por la nubes. Tuvo que afanarse el peruano con él hasta volver a ensayar el arrimón final, otra vez de escalofrío. Oreja para cerrar la tarde.