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Carretera y manta

La verdad pignorada

 

Jesús León, durante su rueda de prensa ofrecida el pasado 10 de enero. - A.J. GONZÁLEZ

Ignacio Luque Ignacio Luque
18/01/2018

Carlos González siempre ha sido un hombre bien rodeado de abogados a los que encarga ganar lo imposible, lo que es opuesto incluso a la razón. A veces, también, cuando su propio cliente se dispara al pie, algo que ha ocurrido, y ocurre, con excesiva frecuencia. Tanto León como Oliver y sus entornos insistieron el 10 de enero en que la pignoración de acciones no era ningún problema. De hecho, contó su entorno, ofrecieron eliminarla en el mismo momento de la firma de compraventa. León lo declaró en su rueda de prensa, quizás oliéndose la única excusa que podía colar en los «legos» (calificativo que empleó el viernes González) en la materia. Pero el máximo accionista, además, cometió el error de entregar mucha documentación. Tanta, que sobre alguna habría que debatir si estaba en su derecho de hacerlo. En cualquier caso, los papeles no han hecho sino confirmar lo que León y Oliver declararon en la rueda de prensa: «No afectaba a la garantía de pago de Azaveco y así se lo hicimos saber» y, ante la cerrazón, el ofrecimiento a eliminarla.

Pero el paso que interesaba a González ya estaba dado. Pudo firmar el 29 de diciembre, pero «como se estipulaba que el retracto de Prasa debía llegar antes de las 00.00 horas del 28, no se hizo». Llegó a las 12.14 horas del 29 y él tenía constancia fehaciente el día 28 de que el retracto se había producido. Pero era la primera excusa para no firmar antes de la junta general de accionistas. Llegó el día 10, fecha concedida graciosamente por González, ya que «sólo se especificaban dos fechas: el 29 de diciembre o el 22 de enero», como se encargó de recordar el pasado viernes. Ojo con eso. Pero el día 10 se comenzó poniendo pegas a los cheques. Al ver que no había mucho recorrido por ahí, se tiró de cabeza al asunto de la pignoración, algo que también tenía poco peso, no solo por la demostración documental, sino porque los compradores ofrecieron en ese mismo momento eliminarla y así lo transmitieron incluso públicamente.

Mientras tanto, el equipo sigue ahí, moribundo. Cuando el contrato de arras se firmó el pasado 20 de diciembre, el Córdoba estaba a cinco puntos de la salvación. Hoy mismo, la permanencia se le puede ir al doble de puntos, diez. Y la única pignoración que no admite debate es la de Carlos González sobre las acciones por el pago de los cinco millones. Bueno, esa y la de la verdad. Desde hace años.

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