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REPORTAJE

La diversidad sexual en las aulas cordobesas

El cambio de identidad de género es una realidad cada vez más presente en los centros educativos, que cuentan con coordinadores de Igualdad y orientadores para guiar en el proceso y desde 2015, con un protocolo de actuación

Una persona sostiene una bandera LGTB. Archivo / A.J. González

Chicos, chicas y chiques, heterosexuales, gays, lesbianas, transgénero, cisgénero, no binarios, bisexuales. El glosario de términos sobre diversidad sexual ha dado un estirón en los últimos años encajando en el vocabulario de los jóvenes y adolescentes a mayor velocidad que en el de sus padres y docentes, obligados a adaptarse a contrarreloj a una realidad para la que no estaban preparados. El resultado de ese cambio de paradigma tiene reflejo en las aulas, donde el cambio de identidad de género está previsto en un protocolo que cada vez se activa con más frecuencia. La Inspección Educativa de Córdoba, departamento al que se notifican los casos, no facilita datos sobre el número de solicitudes de este tipo que se registran al año porque, pese a que solo se requerían datos numéricos, asegura que «según normativa, tenemos el deber de sigilo y reserva sobre algunos temas que están en proceso».

Los que sí hablan de la situación que se da en los centros son los docentes, aunque lo hacen refugiados en el anonimato porque «se trata de un tema delicado», comentan. Carmen es profesora de Historia y aunque lleva solo tres años dando clase ha pasado por varios institutos y asegura que «cada vez es más habitual encontrar algún caso de cambio de identidad de género», explica, «yo lo que intento es ser muy respetuosa y que el chico o la chica no se sienta mal, por eso cuando me han pedido que les llame por otro nombre, lo he hablado con el tutor y lo he hecho sin problema». 

Complicado

Por su experiencia, afirma que a veces es complicado incluso cuando se está concienciada. «Alguna vez he pedido disculpas porque sin darme cuenta he llamado a un chico en transición por su nombre anterior porque en la lista aún figuraba su otro nombre o porque su aspecto era de chica y te sale el femenino sin querer», explica. Para ella, que da clase a alumnos de 14 años, «hay casos claros y también una parte del boom de la diversidad sexual que me parece una moda entre una población que está en plena efervescencia hormonal y que, además, es muy influenciable, por lo que ven en las redes sociales, lo digo porque en cuanto intentas profundizar un poco ves que dicen lo que oyen, sin mucha base». En otros casos, opina, «hay quienes no tienen claro lo que les gusta, lo cual es normal a esa edad, y usan las etiquetas de no binario o bisexual como un escudo para no afrontar sus preferencias sexuales». 

Lucía es profesora de un ciclo formativo en un instituto público con chavales de 17 años y asegura que, aunque «la mayoría son heteros, gays y lesbianas, también hay algún caso de transgénero y otras realidades». Como docente, señala que «a veces es difícil acertar «porque «no te puedes guiar por el look, que suele ser ambiguo, ni por la voz o el físico», si bien insiste en que «hay mucha concienciación en el profesorado y ante cualquier duda, recurrimos a la coordinadora de Igualdad y al equipo de orientación». Una de las coordinadoras de Igualdad consultadas coincide en que hay un porcentaje elevado de profesores muy implicados en esta materia si bien señala que «también hay mucho lío sobre cómo dirigirse al alumnado sin ofenderlo». De ahí la importancia de que exista un referente en cada colegio o instituto.

Convivencia

El gabinete de convivencia de la Delegación de Educación de Córdoba recuerda que todos los centros cuentan con un Plan de Igualdad y asesoramiento para promover la inclusión. «Además, hay dos jornadas anuales sobre buenas prácticas y formación en diversidad de género para quienes lo demanden a través del Centro de Profesorado, que actualmente está impartiendo un curso sobre Educación, diversidad sexogenérica y visibilidad Lgtbi». Asimismo, informan de que desde 2015 existe un protocolo específico para los casos de identidad de género que establece cómo actuar, ya sea a petición de los padres o tutores de los alumnos o porque los docentes observen conductas que manifiesten una identidad de género no coincidente con el sexo asignado al nacer. Entre otras medidas, el protocolo señala la necesidad de que la comunidad educativa se dirija al alumn@ por el nombre elegido, garantizar el acceso a los baños correspondientes y el uso de la vestimenta acorde al género con el que se identifique, también en caso de que haya uniforme, y la adaptación de la documentación administrativa del centro docente (listas de clase, boletín informativo de calificaciones, carnet de estudiante, etcétera). Estas normas son de aplicación obligada en todos los centros educativos sean públicos, concertados o privados.

El Colegio Maristas Cervantes de Córdoba es uno de los centros que ha tenido un caso de joven transexual en estos últimos cursos. Según el equipo directivo, el colegio desarrolla acciones de educación afectivo sexual e imparte charlas como el taller Aprendamos a amar del Instituto Desarrollo y Persona para alumnado de 1º de la ESO y 1º de Bachillerato y para las familias. Asimismo, existe un Marco de la Diversidad Marista que contempla formación específica para el claustro y atención para el alumnado.

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