CONTRACORRIENTE

Para entender lo japonés

Héctor García -Kirai en las redes- es todo un experto en interpretar la cultura japonesa, como lo evidencia su último libro, ‘La magia de Japón’

Héctor García es un ingeniero alicantino que cuenta sus experiencias tras diecisiete años viviendo en Japón.

Héctor García es un ingeniero alicantino que cuenta sus experiencias tras diecisiete años viviendo en Japón. / KIRAINET

EFE

Tras 16 años viviendo en Tokio, Héctor García (Kirai en las redes) es todo un experto en interpretar la cultura japonesa como evidencia que su libro Un geek en Japón sea un clásico entre los viajeros de todo el planeta, una guía a la que ahora incorpora una visión más profunda en La magia de Japón. (Informa Sergio Andreu/ Efe)

Este ingeniero alicantino nacido en 1981 lleva vendidas más de 25.000 copias en español de ‘Un geek en Japón’ (Norma), aunque es la versión en inglés, con más de 100.000 ejemplares, la que ha logrado mayor éxito. El libro, con traducciones al japonés, francés, alemán, italiano y portugués, lleva años instalado en la nómina de los más vendidos en la categoría dedicada a Japón de Amazon.com, donde alcanzó el primer puesto en 2015 y 2016, gracias a sus reflexiones sobre la extravagante y exportada cultura pop nipona (el manga y los otaku, los robots, la tecnología...) pero también sobre aspectos de su idiosincrasia.

«Más que una guía de viajes, es un libro de cultura en general, con consejos para el viajero», comenta Kirai sobre un éxito que atribuye a «una mirada fresca, sin ideas preconcebidas» y por el que ha sido invitado a programas de televisión japonesa para explicar sus experiencias. Héctor García es además coautor junto con Francesc Miralles de ‘Ikigai’ (2016), otro libro superventas sobre un concepto intraducible que se resumiría en saber entender el propósito de la vida, los motivos por los que merece la pena vivir. Si en ‘Geek»’(que define a los obsesos de la tecnología) Kirai marcaba algunas coordenadas básicas, en ‘La magia de Japón’, aborda aspectos que le resultan «misteriosos y mágicos», algunos poco perceptibles a primera vista por el extranjero.

El libro recoge curiosidades que van de explicar los grados de inclinación para hacer una reverencia, a por qué no hay casi papeleras en Japón -para evitar atentados como los ocurridos en los noventa con el gas sarín-, el hecho de que las calles no tengan nombre, la importancia de la comunicación no verbal en las relaciones sociales o su gusto por guardar disciplinadas colas.

Pero para pelar «las miles de capas de cebolla» que constituye la mentalidad» del país, Kirai asegura que es necesario tener en cuenta la herencia en el carácter que les dejaron los casi tres siglos de encierro autárquico (XVII-XIX), un proteccionismo que los hizo muy burocráticos y exasperantemente lentos al tomar cualquier decisión.

«Les cuesta eones decidir», indica el autor sobre una característica que pone de los nervios a las empresas extranjeras que trabajan en el país, aunque «al pasar de la planificación a la ejecución son insuperables, subraya García, que reside con su mujer, japonesa y con la se casó por el rito sintoísta, en el barrio tokiota de Shibuya.

El miedo a los riesgos y a los desastres naturales, que les hace ser especialmente precavidos y reacios a los cambios, una gerontocracia asfixiante para los jóvenes o las rígidas estructuras de poder, herederas del feudalismo de la época Edo, son ingredientes que marcan todavía la sociedad nipona.

Él mismo padeció un despido a la japonesa, cuando fue defenestrado por atreverse a hablar con un superior que por jerarquía no le correspondía.

Con todo este material, Kirai realiza un recorrido variopinto acompañado de centenares de fotografías realizadas por él mismo y puntuado por anécdotas de su día a día. «Lo he escrito durante los últimos diez años y quería mantener la misma mirada fresca, pero es más difícil, porque, tras tanto tiempo aquí, soy, al menos en parte, uno más en este lugar», explica García, que actualmente trabaja en una multinacional estadounidense de telefonía, y está orgullo de ser uno de los pioneros que implantó Twitter en Japón, aunque no triunfó en la industria de los videojuegos, que era su sueño.

A pesar de su innegable atractivo, Japón no es un país para todos los públicos donde resulte fácil residir a los que llegan de fuera. «Definitivamente no. La mayoría de los extranjeros se van al cabo de uno o dos años. Depende mucho de si tu personalidad se adapta o no a la forma de ser del lugar», afirma el autor, que a pesar de la amabilidad imperante se ha topado con «barreras inamovibles», como el hecho de tener que asumir que siempre será un «gaikokujin» (extranjero).

Sin embargo, frente a quienes llevan tiempo apuntando la decadencia de Japón, García considera que se trata de un país resiliente. «Japón es un ejemplo, un espejo al que otras sociedades pueden mirar para ver lo que les depara en el futuro. El problema de los suicidios, de los hikkikomori, de la bajada demográfica... son batallas que Japón comenzó a tratar desde finales de los 90, ahora son problemas que están surgiendo también en muchas otras sociedades y economías avanzadas», advierte 

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