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VUELTA A CÓRDOBA | LAS OCHO COMARCAS EN BICI

Viaje de generación

El paso por la Sierra de Cardeña me lleva a pensar en la amistad, en la incondicionalidad y en lo injustamente que la tratamos a veces

Parque Natural de la Sierra de Montoro y Cardeña, el martes 30 de marzo del 2021. JOSÉ JUAN LUQUE

Merece la pena cada despertar al aire, incluso en un parque de Santa Eufemia, en una cama portable prestada por un vecino amante de la pesca. Solo se puede mantener el hilo del viaje cuando no estás agarrado a nada. No voy a forzarme a llevar las vidas que hay a mi alrededor, solo por costumbre, por seguridad. Quiero acostarme todos los días leyendo un libro, sin pensar en nadie. No es que ahuyente a las personas, pero tampoco las llamo.

Un vecino de Conquista. JOSÉ JUAN LUQUE

Dos horas de silencio en el hogar del pensionista de El Guijo, el televisor de fondo y el sonido del tostador. Le echo azúcar al café. No me gusta el café de los bares, pero adoro tomármelo en vaso de caña. Me gusta sentir la ausencia que dan estas carreteras de Los Pedroches. Cuando miraba el mapa de la provincia mi ojo caía en Conquista, tan alejado y solitario. Entro en un bar, padre e hijo, barbudos, se sostienen en la barra, no se inmutan con la cámara ni con mi llegada, se acercan a mí, no se imaginan fuera del pueblo, ni siquiera él, aún joven, con tiempo y espacio. El daño me avisa y yo también le aviso. Todos mis amigos van cumpliendo los planes establecidos al pie de la letra. ¿Cómo sería vivir fuera de tu lugar? Yo sigo y ellos se quedan. Paso la siesta en Azuel.

Canasto de setas silvestres. JOSÉ JUAN LUQUE

Bar Hermanos Ruiz, parece una casa más del pueblo, por la fachada y por el ambiente, varios vecinos aparecen con cestas llenas de setas, todos quieren compartir. El bar trasciende el negocio, el bar como lugar de encuentro, llevo tres bares en cuatro horas.

Parque Natural de la Sierra de Montoro y Cardeña.

Parque Natural de la Sierra de Montoro y Cardeña.

Me acuerdo de mi amigo Francis al entrar en Cardeña, cuando decidió apuntarse al equipo de fútbol del pueblo de su mujer, pasados los treinta años, peleándose con chavales a los que casi doblaba en edad, y ese sábado que fuimos en bicicleta desde Córdoba para verlo en el partido decisivo del ascenso, la fiesta preparada en la grada, el pastel, los batidos, la tristeza en el césped con un inesperado gol en el descuento, la silenciosa vuelta en autobús. Pienso y recuerdo, y me fascino con la cantidad de hitos que genera la amistad. Pienso en lo que significa la amistad, la incondicionalidad, lo poco que pide, lo poco que reprocha, lo poco rencorosa que es, todo lo que llena, lo injustamente que la tratamos a veces. ¿Por qué no hacemos más viajes de generación, por qué no nos regalamos más fines de semana de verdad, por qué no sobrepasamos la merienda de los domingos?

Vecinos de Azuel en el Bar Hermanos Ruiz. JOSÉ JUAN LUQUE

Vuelvo a la empedrada calle de Cardeña, Autoservicio La Sierra, cinco y treinta y cinco de la tarde, siete artículos, cuatro piezas de fruta, un yogur, una ensalada de cangrejo, un trozo de queso, nueve con ochenta euros. Le doy diez. Me atendió Rosa. Dejo Cardeña con la sensación de que somos una generación tan amorosa como despegada, a veces dependiente, otras escapista. Pero que guarda un privilegio: habremos vivido todo juntos, desde el inicio hasta el final, y nadie más habrá accedido a ese lujo, ni pareja, ni padres, ni hijos, solo los amigos de siempre. Aparecemos en el álbum de cada giro. Mi última fotografía de hoy es lavándome los dientes en un punto al azar de la Sierra de Cardeña donde abro el saco, me pongo el abrigo y me dejo dormir soñando viejas décadas. 

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