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Diario Córdoba

Agradecimiento al hospital Reina Sofía

El pasado 17 de agosto falleció nuestra madre en el Hospital Reina Sofía. El motivo de esta Carta al Director no es otro que el de mostrar el profundo agradecimiento al personal sanitario de la Unidad de Urgencias y Neumología de dicho hospital -así como al del Centro de Salud Aeropuerto de la propia ciudad-, que la atendieron durante una semana, llena de cuidados terapéuticos y afectivos: no nos atreveríamos a hacer prevalecer cuál de ellos ayudó más en sus momentos finales, seguramente ambos con la misma fuerza.

En una sociedad demasiado programada y protocolizada –y la sanidad no es ajena ni mucho menos a ello- comprobar cómo bajo los procedimientos administrativos late la más humana de la dimensión profesional revela el valor de una sanidad pública humanizada, que nos reconfortó en medio del dolor.

Por eso queremos hacer públicas varias consideraciones: la primera, la toma de conciencia del valor de una sanidad pública que atiende a la persona por su propia dignidad, sin condicionamientos económicos de origen o clase social; la segunda, el valor del personal sanitario en sus competencias diversas por dar la mejor atención y búsqueda de las mejores soluciones para el paciente; y la tercera, el valor subjetivo de la atención personal, humana, reivindicativa del cuidado. Estas palabras no abarcan la grandeza de esta triple tarea, pero sí pueden servir para una reflexión sobre lo que podemos perder aunque sea mejorable. En un contexto de privatización de la sanidad pública como el que vivimos, una reflexión mayoritaria, transversal y extendida en la sociedad cordobesa y andaluza debe hacer ver a quienes deciden el futuro de aquella la necesidad de blindarla y preservarla frente a intereses privados que en su lógica empresarial buscan única y exclusivamente el lucro, también sobre las necesidades de salud de la población.

Si como sociedad, desde el corazón de la experiencia personal de cada familia andaluza (ninguna ajena a vivencias como las experimentadas por nosotros), somos capaces de unir nuestros esfuerzos en un grito unánime de cuidado del modelo público de atención sanitaria, estaremos dejando el mejor legado a las futuras generaciones y cuidando a las presentes con la garantía de una vida –y muerte- dignas como las que tuvo nuestra madre.

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