Opinión | PUNTO Y COMA

Algo de precursora

Hay personas que pasan por nuestra vida como una estrella fugaz: son preciosas, pero caminan tan rápido, que casi no da tiempo a verlas o a disfrutarlas. Sin embargo, hay individuos que pueden transitar a nuestro lado durante décadas y no consiguen dejar la impronta de otros que, con apenas un par de años, dibujan para la eternidad. Al contrario, puede suceder algo parecido: por mucho que nos esforcemos, tal vez no consigamos nunca lucir en la estampa vital de quienes nos rodean en el día a día, y, sin saber muy bien cómo ni por qué, nos basta un instante para tocar otras fibras. Asimismo, hay sucesos, acontecimientos, estudios, programas, organizaciones o instituciones que, por algún motivo, o quizás porque están directamente relacionados con aquellas estrellas fugaces, también nos marcan y pasan a formar parte de nuestro bagaje y recuerdo vitales.

Una y otra situación mantienen viva en el cajón de mis más preciados recuerdos a Minervina Silván, docente de Matemáticas y Lengua Portuguesa como funcionaria de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía durante más de veinte años. Nacida en Madrid por casualidad, pues era hija de un trabajador de Renfe, pasó su infancia y adolescencia en Bilbao. De la ciudad del Guggenheim mantenía el acento y un temperamento que le permitieron remangarse las enaguas y cuanto fuese necesario para lidiar con éxito en el festival que supone dar clases cada día. Años atrás se había trasladado hasta Sevilla, para licenciarse en Ciencias Exactas, y le atrapó el embrujo de esta tierra. En efecto, se enamoró de Andalucía -y, dicho sea de paso, de la frontera y del país vecino- y aquí quiso afincarse. Y de pronto un día decidió innovar, ir más allá, no limitarse a dar sus clases de Matemáticas, y tomó las riendas del Programa José Saramago. Así pues, al puro estilo humanista, conjugando con maestría disciplinas aparentemente contrarias, acabó siendo no solo excelente profesora de su primera disciplina, sino también experta en la enseñanza del portugués como lengua extranjera. Este es el cometido que persigue el programa al que da nombre el nobel luso, que, por otro lado, acabó sus días en Lanzarote. Si bien, según el Plan de Fomento de Plurilingüismo de la Consejería, todas las lenguas son consideradas igualmente importantes en la configuración educativa de la ciudadanía andaluza, la realidad es que, por diferentes motivos de carácter histórico y político, idiomas como el inglés o el francés han recibido mucho mayor apoyo en la planificación de las enseñanzas que el aprendizaje de una lengua que se habla a tres horas y un minuto de la capital cordobesa. Pero, gracias al tesón, esfuerzo abnegado y entrega desinteresada de la señora Silván, desde el año 2010 hay estudiantes de Secundaria -y, desde el 2020, de Primaria- que han podido y pueden aprender en Andalucía la segunda lengua latina más hablada en el mundo.

Estos últimos días he estado releyendo ‘El árbol de la ciencia’, de Pío Baroja, para preparar algunas clases, y, aunque las personalidades de Andrés Hurtado y Miner Silván en nada se parecían, un aspecto del alter ego del donostiarra me ha dibujado una sonrisa. En la última línea de la novela un médico dice «pero había en él algo de precursor». Por otro lado, últimamente he estado leyendo algunas noticias sobre el hecho de que se está dando una paulatina «fuga» de empresas españolas que deciden emigrar y asentar su residencia oficial en Portugal, a la vez que expandir su mercado en el país vecino, con el objetivo de perseguir la ventajosa fiscalidad lusa. Quizás aquí haya nuevas opciones de futuro y de trabajo para muchos de los alumnos que tengan la oportunidad de estudiar la lengua de Camões. Esta chica tenía algo de precursora...

 ** Lingüista