Opinión | caligrafía

Nabokov y los Morlocks

El padre de Nabokov, Vladimir Dmitrievich Nabokov, aristócrata y jurista de enorme prestigio en Rusia (su hijo criticaba que sus ideas perdieran fuerza al escribirlas, pese a la eficacia que tenían al pronunciarlas) fue asesinado en Berlín en 1922, cuando un pistolero atentó contra Pável Miliukov durante una conferencia. Se subió al escenario, forcejeó con el criminal y otro pistolero le disparó. Miliukov era rival político suyo. Había vivido medio siglo vibrante: fundó el Partido Constitucional Democrático ruso, se opuso al antisemitismo, se rebeló contra la disolución del Parlamento por el zar, que lo llevó a prisión; jugó al tenis, cazó mariposas y redactó la abdicación de Miguel Románov. No está mal.

Ambos Nabokov eran entusiastas del escritor H.G. Wells, al que incluso llegaron a invitar a cenar en su palacete en 1914. Wells quedó impresionado por el padre, que al par de años fue a visitarlo a Inglaterra, junto al escritor de ciencia ficción Alexey Tolstoy. Nabokov hijo diría que la ciencia ficción le asqueaba, pero de este Tolstoy concedía que era un escritor de cierto talento, que había escrito dos o tres cuentos o novelas de ciencia ficción memorables. De Wells era un entusiasta absoluto. Elogió abiertamente, por su perfección, una frase de ‘Amigos apasionados’, novela creo que no editada en España, aunque hay una película de 1949.

Creo que la mayor muestra de admiración no es la expresa, sino la cita de lo admirado como universalmente conocido y amado. En su célebre entrevista para ‘The Paris Review’, contestando a en qué época preferiría vivir, dirá que en los días venideros de aviones silenciosos y gráciles bicicletas voladoras, y plateados cielos sin nubes, y un sistema universal de carreteras acolchadas subterráneas a las que los camiones sean relegados como Morlocks.

Los Morlocks aparecen en la novela de Wells ‘La máquina del tiempo’. En el futuro, ciertos descendientes de la humanidad han vivido durante generaciones sin luz solar, degradados en el subsuelo hasta ser simiescos y crueles. Los Eloi viven en la superficie, con la luz que evitan los Morlocks, imbecilizados y mantenidos por estos, como una bonita y blandengue fuente de proteínas. Wells escribe en la novela, por si algún lector no lo ve claro, que algo tiene que ver esto con las clases sociales.

Nabokov, que lo tuvo todo y lo perdió todo, no quiso volver a tener nada cuando pudo, salvo, hemos de entender, los tres o cuatro lujos necesarios para no ambicionarlos más. Hablaría del ‘RolexDatejust’ con números romanos y esfera blanca que se le ve en las fotos, supongo. Ni siquiera libros. Decía que sus posesiones eran su ajedrez y su tomo de Sherlock Holmes, aunque con el paso del tiempo había atenuado su admiración por Conan Doyle y el detective. No así con Wells, acomodado en su memoria hasta hablar de Morlocks en 1967 como parte de su arsenal de joyería verbal.

A mí esto de Nabokov escribiendo de Morlocks, qué quieren que les diga, me gusta mucho.

*Abogado