Opinión | entre líneas

Sánchez, escrito en las estrellas

Hay que decir que Sánchez es Piscis, en teoría el más anodino signo del zodiaco

Algo me queda de aquella época de adolescente y primerísima juventud en la que me hice aficionado a la astronomía y un experto en astrología, dos saberes que no tienen nada que ver pues el primero es ciencia pura y el segundo superchería. Hasta que me di cuenta de que con el zodiaco se ligaba infinitamente más. ¡Dónde va a parar! Algo lógico, porque hablar de cómo las estrellas marcan a cada uno me permitía de joven prolongar los contactos, superar silencios incómodos en toda conversación y, sobre todo, conocer lo que más le interesaba a la otra persona. Qué no hay nada que despierte más el entusiasmo de un (y una) adolescente que el que le hablen de la persona más enigmática, importante, misteriosa y desconocida: ella misma.

En las últimas décadas, sin embargo, he dejado de lado la astrología. Solo ante la confusa situación política actual, y a falta de otros recursos, he vuelto a consultar las estrellas y a hacer una carta astral: la del momento en el que Pedro Sánchez fue investido por tercera vez presidente del Gobierno. Lo más curioso, y eso sí que es lamentable, es que me ha dado más información que muchos de los programas de análisis políticos que he podido ver en televisión, que como digo tampoco ha sido raro en el caso de algunas cadenas.

De entrada hay que decir que Sánchez es Piscis, en teoría el más anodino signo del zodiaco. Pero en su caso no está tan claro, aunque solo sea porque su día de nacimiento complica cualquier cálculo astrológico: con 51 años solo ha celebrado 13 cumpleaños. Nació un 29 de febrero en el año bisiesto de 1972, que ya es casualidad y capacidad de ‘jugar al despiste’ desde la cuna. Y ahí lo tienen: uno de los pocos españoles llamados a estar de fiesta segura cada cuatro años, ya sea por celebrar su cumpleaños o por elecciones.

Pero aparte de haber nacido en un día que la mayoría de las veces no existe, su tercera investidura como presidente del Gobierno por el Parlamento la noche del pasado jueves se hizo bajo un peculiarísimo paisaje celeste. En serio, lo he consultado. La luna nueva se encontraba en Sagitario e iniciando su cuarto creciente, algo que llama al ascenso y que para culturas como la islámica era símbolo de grandeza naciente. Júpiter, el planeta del «ordeno y mando», se cruzaba entre la constelación del presidente, Piscis, y el desestabilizador y generador de conflictos signo de Aries. Y algo clave: ¿dónde estaba marte, el planeta del dios de la guerra? Pues no se le ve en estos momentos porque está tapado por el sol. Para los romanos, un claro presagio de guerra. Aunque también es verdad que para los romanos todo anunciaba guerra y no se equivocaban nunca. Les gustaba una batalla más que a un tonto un lápiz. Sin embargo, esa conjunción entre marte y el sol para otros astrólogos antiguos vendría a señalar que será la luz de Apolo y del poder establecido el que eclipse y desmonte las tramas del dios guerrero. Por lo demás, no había esa noche ningún cometa visible como sí pasó en años pasados, esas estrellas errantes, algunas con colas barradas, que como todos saben anuncian «desastre» (del griego «mala estrella», casualmente con igual traducción tanto en español como en catalán). Eso sí, y no sé si eso tiene que ver con Sánchez y su partido: Saturno-Cronos, el dios que devora a sus hijos, se encontraba en todo lo alto del cielo.

Conclusión de este análisis astrológico-político para el nuevo Gobierno de Sánchez: no hay forma de saber cómo usará el presidente su proverbial cintura, pero desde luego no será un tiempo que llame a la tranquilidad. Está escrito en las estrellas. Digan lo que digan muchos sesudos analistas que, por cierto, se han mostrado tan certeros en sus predicciones como cualquier astrólogo: no mucho.