Opinión | GUADALQUIVIR

Ferrocarril

La noticia del destacado crecimiento de viajeros del tren de la Vega del Guadalquivir entre Villa del Río y Palma del Río evidencia una demanda real y un éxito total. Pero, sin duda alguna, el incremento de usuarios de la ciudad de Palma del Río, en más de un 67 por ciento, nos debe hacer recapacitar sobre el buen uso del transporte público cuando nos estamos replanteando la movilidad, la sostenibilidad y la eficiencia energética. El incremento de trenes de proximidad y los de media distancia ha permitido a cientos de personas no desplazarse en automóvil desde pueblos próximos a Córdoba a una distancia no superior a 55 kilómetros. La reducción de vehículos puede ser contrastada por la Jefatura de Tráfico. Un ahorro en combustible, una reducción de agentes contaminantes y una sociedad que se desplaza en el transporte público que llegó para quedarse entre nosotros desde mediados del siglo XIX.

Muchos estudiantes, pacientes de la sanidad pública y gestiones diarias se han visto favorecidos por la frecuencia de salidas y llegadas del ferrocarril de una ciudad a otra. Es importante asegurar la puntualidad y seriedad del servicio, pues no se puede poner en riesgo clases y exámenes, citas médicas urgentes solicitadas desde hace mucho tiempo o gestiones apremiantes para la ciudadanía en general. Queremos trenes pero cumplidores de horas de salida y llegada para satisfacción de todos.

La débil revolución en el transporte, industria y comercio del siglo XIX contó con un magnífico aliado, el trazado del camino de hierro entre Córdoba y Sevilla. Línea levantada en apenas dos años, entre 1857 y 1859, e inaugurada por la reina Isabel II y su hijo el Príncipe de Asturias. A su vez, este trayecto ferroviario terminaría comunicando la capital de España con los puertos de Málaga y Cádiz, del Mediterráneo y el Atlántico, con la continuación de la red del ferrocarril español.

Ese impulso se acompañó de notables inversiones en puentes metálicos para superar ríos, arroyos, barrancas y desniveles, y fortalecer una red de carreteras entre localidades estratégicas como la calzada entre Palma y Écija con su correspondiente puente. En principio un puente de madera y finalmente un puente de hierro construido en París. Con estas inversiones, las exportaciones de productos agrícolas y ganaderos tuvieron un crecimiento notable, pero las desigualdades sociales también crecieron.

** Doctor en Historia