Opinión | EL CUERPO EN GUERRA
Prohibido pisar Rusia
¿Cuántos derechos humanos va a ver vulnerados la población rusa? El Kremlin encarcela a todo aquel que se pronuncia en oposición al régimen o a la guerra a Ucrania, incluidos ancianos (que ya vivieron la invasión nazi y sus consecuencias) y niños (sin importar la edad o si simplemente portan unas flores o un mensaje de paz -tal es la represión ante sentimientos antibélicos-). O por negarse a combatir en ella (la objeción de conciencia se paga muy cara en Moscú). El reclutamiento forzoso de combatientes está a la orden del día, ya sean reservistas, desertores que tratan de huir del país o presos a los que se les promete libertad, un indulto y un sueldo si luchan seis meses en Ucrania, advirtiéndoles -eso sí- que «la guerra es dura» y muchos no volverán a casa.
Solo hay lugar para medios afines al régimen (los independientes son silenciados), la propaganda copa la poca información disponible y la denuncia de la censura y el reclamo de libertad de expresión (aunque sea a través de un folio en blanco) se pagan también con encarcelamientos o algo peor. Dado el contexto, muchos han arriesgado su vida al intentar partir hacia el exilio. Apenas un porcentaje ínfimo lo ha conseguido.
La situación se complica aún más si cabe ahora con la reciente aprobación de la Duma de la ley que prohíbe cualquier tipo de apoyo a la comunidad LGTBI+ o que fomente los cambios de sexo entre adolescentes y aún se prevé que vengan más normas que endurezcan las penas económicas y de prisión. Todo en contra de las relaciones sexuales tradicionales será condenado bajo la máxima de proteger «a nuestros hijos y a quienes quieren vivir una vida normal» -los turistas no quedan exentos (serán «expulsados»), claro-. ¿Qué de «normal» tiene una vida así? ¿A qué «normalidad» está sometida una población con todo tipo de prohibiciones que vive con absoluto terror a ser encarcelada, quedar desaparecida o morir?
Siempre había querido visitar Moscú y San Petersburgo pero bajo ningún caso voy a contribuir con mi dinero a través del turismo a respaldar a un régimen dictatorial en el que la mayor parte de derechos humanos son vulnerados. ¿Que si aplicamos este razonamiento no podríamos visitar medio mundo? Por supuesto, no se pisan. Plantémonos. No financiemos regímenes que los no respetan. Y, dentro de un tiempo, si sigue en auge la ultraderecha, a muchos de nuestros vecinos europeos tampoco, comenzando por Italia.
* Escritora
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