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Lola Alonso del Pozo

TRIBUNA ABIERTA

Lola Alonso del Pozo

Cuánto pego

Me pregunto si somos tan vulnerables que necesitamos adorar a personas que no conocemos

Seguro que conocen ese juego de... si fueras un animal, ¿qué animal serías?, ¿Y si una película, una canción, un libro, un cuadro, una flor, un paisaje...? ¿Y si trasladamos el juego con la feria montada a cuenta de la muerte de la reina Isabel II? Pues en el supuesto de que fuese un poema, se me ocurre, cualquier estrofa de nuestras ermitas le vendría al pelo. Pero, ¿qué me dicen de estos versos tan reconocidos de Jorge Manrique?:

«Sus infinitos tesoros, /sus villas y sus lugares, /su mandar, /¿qué le fueron sino lloros? /¿Qué fueron sino pesares /al dejar?».

Sabio el poeta. Pero me dejo de jueguecitos y vuelvo a preguntarme, --no salgo del bucle--, qué ocurre en el interior de tantos millones de personas para que el teatro monárquico que hemos presenciado durante no sé cuántos días, interminables, tenga la suficiente entidad como para olvidar los graves problemas tanto personales como colectivos que arrastramos en nuestras vidas.

En otros lugares no sé pero aquí en Córdoba tenemos una expresión de lo más plástica para resumir lo de estos días: «cuánto pego».

El impresionante y suntuoso funeral ha sido un desatino que ha costado, según el New York Post y tirando por lo bajo, la friolera de 7,5 millones de libras esterlinas de dinero público. No quiero hacer demagogia, pero sabrán que en esas jornadas las colas de los más menesterosos colapsaban los centros de ayuda humanitaria.

Este sin sentido hace que algo se me revuelva por dentro al comprobar la demostración escandalosa de los privilegios de que disfrutan los poderosos. Privilegios que se otorgan a sí mismos y que los demás les permitimos incluso una vez muertos.

No, no me siento cómoda ante esa suerte de culto que profesamos a quienes erigimos en ídolos que, además, nos exigen una lealtad absoluta e incluso juramentada, cumpliendo así los antojos del más ramplón para que la fiesta de poderosos y lacayos no decaiga. Y no decae y nos embobamos desde los pequeños rincones de nuestras casas.

Dicho al paso también es digno de reflexión el zarandeo al que nos han sometido a su antojo algunos medios de comunicación.

Me pregunto si realmente somos tan vulnerables que necesitamos adorar a ciertas personas que ni siquiera conocemos. O es que no somos conscientes del circo en el que participamos. Y leo estas palabras todas seguidas sacadas de la prensa internacional: plebeyos, intocable, servilismo, clasismo, pleitesía, súbditos, poder, estatus, futuro, vasallaje... A mí me llenan de miedo y el miedo es esclavitud.

Cuando me encuentro así, desconcertada y triste, neutralizo esas sensaciones negativas, además de con la música, --he vuelto a revivir el mega concierto LIVE AID for Africa del 1985 con Mick Jagger, Stevie Wonder, David Bowie, The Who, Eric Clapton, Paul Simon, Elton Jhon, Sting, Queen, Paul McCartney, Joan Báez, Bob Dylan entre otros--, sacando del olvido y releyendo a mujeres como María Lejárraga, la gran novelista, dramaturga, ensayista, traductora, feminista... que tuvo una vida dolorosa y murió pobre y sin ser reconocida como una de las figuras literarias más destacadas de su época. Es como logro sobreponerme, para compensar las miserias y las hazañas que reconozco en la humanidad y en mí misma.

Termino arrebujada en mi rebozo, qué palabra tan evocadora, mientras tarareo ay de mí, llorona, llorona, llévame al río.

** Docente jubilada

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