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Marisa Vadillo

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Hisae

Uno de los momentos más desagradables de mi vida al ver las noticias lo sufrí cuando consulté, desde otra ciudad, la edición online de este mismo periódico y, al entrar, me saltó el pantallazo con el fallecimiento de nuestra ceramista Hisae Yanase.

Hisae fue un cuenco que recibió lo mejor de dos culturas. Su figura se asemeja a la de la premio Nobel Pearl S. Buck (nacida en China, desarrollada profesionalmente en EEUU), ya que fueron personas capaces de mirar transversalmente, de quedarse con las esencias, de enriquecerse y transmitir ese enriquecimiento a los demás.

Dicen que la cerámica japonesa contiene toda la simplicidad y elegancia que puede contener un objeto funcional. Hisae no hizo cerámica para un uso tradicional, sino que se la llevó a la creación contemporánea, por lo que sus piezas son obras que funcionan como texto, como lenguaje.

Tampoco el legado de Hisae se ha limitado a su propia creación, ya que el interesante nivel en cerámica que posee Córdoba con autoras como Mónica Lee Rivas, Carmen Lucena o Carmen Cecilia es el resultado de muchos años de su buena docencia en la Escuela de Arte ‘Dionisio Ortiz’, una de las cinco escuelas artísticas que posee nuestra ciudad.

Fue una suerte poder devolverle algo de lo que nos había dado como autora a través de un homenaje colectivo que le hicimos en el año 2013 en forma de exposición, junto a las también homenajeadas Rita Rutkowski y Juana Castro, tres pilares culturales en nuestra ciudad.

Ahora tenemos la oportunidad de acercarnos más a su obra, que se expone desde el pasado lunes en la sala Vimcorsa y en la Casa Góngora. Una ocasión perfecta para poner en valor a una de las figuras internacionales más interesantes que tenemos dentro del lenguaje artístico actual. Una oportunidad para disfrutar de una obra fascinante en la que la artista trabajó desde diversos registros a lo largo de su vida, el discurso conceptual, lo colectivo o los site-specific, entre otros.

No es posible hablar de ella sin recordar su sentido del humor, la humanidad que derrochaba y la generosidad que tuvo con bastantes artistas jóvenes... Por no hablar de la preciosa piel que tenía, reflejo de ese interior. A pesar de que, en su vida, no todo fueron flores de cerezo. Hisae, mitad Sakura... mitad clavel. No se la pierdan.

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