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Marcos Santiago Cortés

Los ricos también lloran

Se está afianzando en España --de nuevo-- el viejo discurso tan odioso que no nos deja ser una nación unida. Y es la vieja dicotomía de la rivalidad dual; rojos o azules, etc... Pero ahora vuelve lo peor de esta disyuntiva: ricos y pobres. Miren ustedes, por supuesto que hay ricos y pobres y que hay rojos y azules. Pero no solo hay eso, sino que entre medias hay un universo de razonamientos y matices sobre todo a partir del advenimiento de la democracia. No podemos vulgarizar tanto porque vulgarizar es lo contrario a meditar y no duden que de la meditación vienen las soluciones acertadas. Creo que el Gobierno debería explicar mejor el nuevo y justo impuesto a las grandísimas fortunas. Pero resumir todo a pobres y ricos como se vende desde los atriles políticos, me parece una agresión ilegítima a mucha gente que ha logrado triunfar laboralmente después de muchos años de sacrificio. Que una cosa es el impuesto a la especulación salvaje y a los sueldos que rozan el delito, y otra, crear un impuesto a la constancia (además que en nuestro país ya hay un impuesto a los que más tienen porque el impuesto de la renta es progresivo). El problema es que la mayoría de los políticos no saben lo que significa el sacrificio para triunfar y por eso hablan así. Es decir, hablan de lo que no saben cuándo justamente el político debe caracterizarse por hablar exclusivamente de lo que sabe. Y el político debería saber que muchos de los llamados pobres son pobres porque han preferido no arriesgar ni su físico ni su patrimonio ni su conformismo. Cada cual es libre de hacer lo que mejor lo parezca, pero lo que no podemos hacer es trasladar una rivalidad entre los conformistas y los que soñaron con proyectos que solo podían ver la luz levantándote antes de que amaneciera y por supuesto muchas cosas más como por ejemplo arriesgar todo su patrimonio. Por eso, hay mucha gente, que podríamos llamarla «rica» no solo pecuniariamente sino también de espíritu y que encima procede de ese pueblo llano y duro que, a base de entusiasmo, ilusión, trabajo y riesgo, alcanzaron un sueño laboral y con él, las comodidades materiales que ello conlleva no solo para sí mismos sino para el resto de la sociedad. Hay que tener mucho cuidado porque ese generalista «impuesto a los ricos» dicho así, significa en muchos casos un «impuesto al sacrificio», mientras que la «ayudas al pobre» solo sea un premio a la pasividad, una especie de incentivo a la inamovilidad. Sé lo que digo y no me refiero a otras situaciones tales como esos grandes directivos que cobran millones de euros al mes sin una motivación razonable o esos padres de familia que ya no saben para dónde tirar para dar de comer a sus niños; pero esta otra cosa hay que explicarla mejor. Porque hay «otros ricos» que hoy defiendo, que lloran cuando ven su negocio ahogándose por culpa de leyes vulgares aun cuando no son enemigos de los necesitados sino precisamente los que les pueden dar trabajo.

*Abogado

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