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Marti Saballs

TRIBUNA ABIERTA

Martí Saballs

El ¿corredor? mediterráneo

Una de las vergüenzas inexplicables de nuestras Españas es la falta de comunicación ferroviaria rápida, certera y segura

Hace dos meses superé con dignidad y con cierto nivel de estrés el trayecto de autopista sin peaje Barcelona-Castellón-Valencia, ida y vuelta, sorteando camiones embravecidos. Esta semana probé el tren Euromed, que debería rebautizarse Eurocaracol, para ir de la estación de Sants a la ciudad castellonense. Ahí me muevo, ahí me paro. La próxima vez iré en dromedario que promete ser, al menos, más divertido y con menos incertidumbres de entrada. Y al camélido pocas culpas se le pueden echar si algo va mal.

Una de las vergüenzas inexplicables de nuestras Españas es la falta de comunicación ferroviaria rápida, certera y segura entre las once provincias que lindan el Mediterráneo peninsular. De Girona a Cádiz sumamos 18,4 millones de habitantes (39% de la población española) y un 37% del PIB nacional. En este territorio se concentran la segunda (Barcelona), tercera (Valencia) y quinta (Alicante) provincias españolas más habitadas; algunos de los principales centros petroquímicos e industriales del país; los cuatro principales puertos marítimos, además de ser el eje turístico peninsular por excelencia. Para los amantes del fútbol y el básquet, en estas provincias hay ocho equipos de primera división de la Liga de fútbol y cinco de segunda. De la Liga ACB -de baloncesto, suman ocho, (nueve si agregamos Andorra, que también usa el área de influencia). De Port Bou a Tarifa en autopista son 1.300 kms y 13 horas de conducción.

Hoy, ir en tren de Barcelona a Valencia --ya ni menciono Alicante-- es una aventura. Si no hay sustos, se tardan dos horas 47 minutos. Si hubiera AVE, esta distancia se realizaría en una hora y media. Para viajar a Málaga en tren desde la capital catalana o valenciana, el recorrido más rápido obliga a pasar por Madrid. Se tarda alrededor de seis horas desde ambas ciudades hasta la costa del Sol en tren. Se tardaría algo menos de cuatro horas en un AVE que uniera Barcelona con Málaga sin necesidad de desviarse por la Meseta.

En junio de 2013, el presidente Mariano Rajoy anunciaba en la convención del PP en Peñíscola (Castellón) que el AVE mediterráneo sería una realidad ¡¡¡¡en 2015!!!! El extraordinario anuncio fue tema de portada del diario Mediterráneo junto al regreso a la primera división del Villlarreal Club de Fútbol. Desde entonces, todos los años la misma murga y las mismas promesas políticas --gobierne quien gobierne-- en cada una de las conferencias, convenciones, encuentros y foros organizados para pedir el corredor ferroviario del Mediterráneo. Tanto para para pasajeros, a través de la vía rápida, como para transportes, esencial para eliminar camiones de la autopista, bajar la emisión de CO2 y reducir costes.

Los esfuerzos de los lobbies empresariales (hay una web específica llamada Quiero Corredor donde se sigue paso a paso el kafkiano estado de las obras) de las provincias afectadas por el proyecto ferroviario han fracasado. ¿Por qué? ¿Hay de verdad una conspiración de los poderes fácticos del Gran Madrid para impedir que los mediterráneos suframos y no estemos mejor unidos en aras de una visión centralista y unívoca de España? ¿Por qué se favorece la llegada del AVE y se invierte en infraestructuras de transporte en regiones con menos peso económico y demográfico? ¿O quizás todo es fruto de la desidia y falta de interés político? Hay quien atribuye las causas incluso a las mayores dificultades en expropiar terrenos o problemas técnicos que van surgiendo como champiñones tras la lluvia. ¿Excusas? Todas. En eso, ganamos.

* Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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