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Diario Córdoba

Marisol Salcedo

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Marisol Salcedo

Sombras

«La sombra que da un árbol es muy agradable»

¡Hay que ver para cuantas cosas utilizamos la palabra sombra! Puede ser oscuridad o falta de luz; aparición fantasmagórica; persona que sigue a otra por todas partes; cárcel; gracia, simpatía y encanto, cuando la sombra es buena, y todo lo contrario, cuando es mala; el producto cosmético que sirve para colorear los párpados; las chinescas o invisibles, que se hacen entre una cortina y unas luces; la atenuación de los méritos de otra persona, por comparación con los suyos; la imagen oscura que un cuerpo opaco proyecta sobre una superficie, interceptando los rayos directos de la luz. A este significado nos referimos hoy especialmente cuando, ya entrado el verano, con los rayos solares más perpendiculares que nunca, mientras esperamos para cruzar un semáforo, buscamos el refugio de cualquier sombra, ya sea la de un árbol, una cornisa o la del propio semáforo, disputándosela a las palomas que suelen ponerse en fila india a lo largo de ella.

Siendo yo muy pequeña, mi padre compró una catalpa para plantarla en el campo, en Cerro Muriano, ya que según las referencias de que disponía, era un árbol originario de las regiones templadas de Norteamérica, las Antillas y Asía Oriental, de rápido crecimiento, que podía alcanzar una gran altura y producir sombra densa, gracias a sus grandes hojas en forma de corazón. La catalpa llegó por correo, cosa que para aquellos tiempos era una excentricidad, no como ahora, que con los pedidos on line hay un trapicheo continuo. Mi padre la plantó enseguida y la regó con frecuencia para estimular su crecimiento. Y ahí quedó la cosa, porque la dichosa catalpa no llegó a alcanzar más allá de los 3 metros de altura, cuando lo que se esperaba de ella era un mínimo de 10. Y nunca hemos podido disfrutar de su sombra.

Cierto que la sombra que da un árbol es muy agradable, porque es natural y porque el viento se multiplica en las hojas, pero las sombrillas constituyen un buen sustituto. En el campo y en la playa, sobre todo en la playa. ¿Quién no ha ido a la playa con sombrilla? ¿Y quién no ha pagado la novatada de clavarla mal y tener que perseguirla metros y metros, con el consiguiente guaseo de los presentes? Es que eso de clavar la sombrilla tiene su técnica, bastante depurada en algunos casos. Todo es cuestión de práctica. Por cierto, ¿sabían ustedes que en Málaga a los que van a la playa con sombrilla, en vez de alquilar hamacas y parasoles, les llaman escopeteros?

*Escritora y académica

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