El miedo a enfermar, el dolor de los casos cercanos y la incertidumbre por el futuro que acompañan desde marzo del 2020 a la sociedad con la pandemia del coronavirus ha traído una nueva ola del covid en lo que atañe a la salud mental, y, en línea con los problemas psíquicos de la sociedad, o provocado por hábitos que se salen de lo recomendable, el incremento de todo tipo de adicciones. Así lo constatan las crecientes listas de espera en la sanidad pública y privada y así lo testimonian las ONG que atienden a estas personas. Y así lo demuestran diversos estudios, como la encuesta de Centra para Andalucía, la primera que se hace de este tipo, difundida el pasado lunes. Según ese trabajo, titulado ‘Repercusiones psicológicas del covid en Andalucía’, el 39% de los andaluces dice sufrir más ansiedad, y el 54% de la población declara un malestar psicológico creciente. Un informe anterior de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), dado a conocer en verano, expone que se ha triplicado la incidencia de los casos de depresión, cuadruplicado los de ansiedad y quintuplicado algunos casos de estrés postraumático. Los propios profesionales de la sanidad son víctimas, con un aumento del 37% en la cifra de médicos con crisis de salud mental, según los datos que baraja el Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (Paime) de la Organización Médica Colegial, que pone una atención especial en las mujeres, donde la evolución es peor.

Los problemas de salud mental se traducen a veces en adicciones, desde el alcohol, las drogas o los fármacos (los ansiolíticos han disparado sus ventas) hasta los trastornos alimentarios, a dependencia del móvil, el abuso de los videojuegos o las ludopatías, en su vertiente tradicional y on-line, más difícil de detectar pero con las mismas nefastas consecuencias. 

Las instituciones han empezado a hacerse cargo de la gravedad de la situación y a anunciar medidas para atajarla. De hecho, esta próxima semana el Ministerio de Sanidad debatirá con las comunidades autónomas el borrador de la Estrategia de Salud Mental, al que ha incorporado el trabajo y el entorno laboral como uno de los principales determinantes de la salud mental de las personas, en sentido positivo, pero también negativo si las condiciones son malas. 

Al escenario general es preciso añadir un elemento que acentúa las alarmas: la edad de las personas afectadas, cada vez más jóvenes. La Asociación Cordobesa de Jugadores en Rehabilitación (Acojer) afirma que el perfil del paciente ha pasado de la horquilla entre 40 y 60 años a la de 20-30 años, segmento de edad en el que el juego on-line y los videojuegos arrasan. Para muestra, un botón: Acojer calcula que un 35,5% de los niños de 12 y 13 años utilizan los videojuegos a diario, en aplicaciones aparentemente gratuitas, pero que reclaman pequeños pagos para conseguir mejoras en el juego. También la Asociación LAR alerta sobre la cada vez mayor juventud de las personas afectadas por ludopatías, de las que el 44% tiene menos de 26 años.

El incremento de los problemas de salud mental y de las adicciones es en buena parte consecuencia de la dura situación que empezó con el confinamiento y que todavía no ha restaurado la normalidad, pero también puede decirse que han aflorado males de la sociedad a los que no se prestaba suficiente atención. Los 100 millones de euros adicionales que aportará el Gobierno, así como la creación de la Oficina del Defensor de las personas con problemas de Salud Mental en Andalucía, anunciada por el presidente de la Junta, Juanma Moreno, son apenas gotas en el mar de una situación muy compleja que, requiere, además de la citada estrategia nacional, pasos urgentes desde todas las administraciones para paliarla.