Opinión | El cuerpo en guerra

SerA-n-d-a-l-u-z-a

Es curioso que yo, una madrileña adoptiva orgullosa desde hace más de una década, me proponga escribir una columna sobre el andalucismo. Yo, que llegué a perder el acento, que aún lo pierdo con algunas amigas madrileñas y otras veces se desboca con las de aquí allí. Pero hay algo que nunca he dejado de valorar: la sangre de las mujeres de Lorca, el animal de fondo de tierra que somos a lo Juan Ramón Jiménez, las costumbres y la riqueza de nuestro vocabulario -tenemos palabras para denominar cosas que, al no tener nombre, no existen en otras autonomías-. Y, por favor, el desayuno molinero.

Allá donde he ido nunca me ha faltado mi pan con aceite y azúcar. Podría alimentarme a base de eso (y jamón de Los Pedroches) todo el día. No necesito que venga ahora ningún meme de mini Yoda a explicarme todas esas cosas que he crecido viendo: que si el pinchito de ensaladilla, lo de ensayar el himno de Andalucía con la flauta... Eso va en el ADN (lo he aprendido hace poco porque tengo un marío cordobéh-cordobéh) y permanece incluso cuando pierdes el acento y vives con un olivo al que llamas Aurelio, como tu abuelo, porque él fue quien te enseñó dónde brotan sus flores.

Vayas lo lejos que vayas, jamás olvidas la letra de nuestro himno. Es increíble. Te reúnes con amigas de cualquiera de nuestras provincias y ahí estáis, que os lo sabéis todas. Y hoy pedís «libertad» más que nunca porque os da miedito el Gobierno autonómico que tenemos y lo que ha hecho con la protección de las víctimas de violencia de género (entre otras cosas). ¿Quién se acuerda ahora de ellas en medio de esta pandemia? Nosotras, las feministas andaluzas, que hay muchas. Si no, ¿a qué viene el movimiento Feminismo Andaluz (@feminismo_andaluz) en las redes y la reciente publicación del libro de Mar Gallego ‘Como vaya yo y lo encuentre’ (Libros.com, 2020)?

Tengo que decir que hoy me siento orgullosa de ser andaluza (sí, tal cual) por todas las artistas que han nacido de su tierra y sus proyectos tan rompedores, como el de @zarvaje_ y su ‘Un patio con naranjos y jazmines secos’ y @ccarvento y su ambicioso ‘Maricón de España’. Ambas, su libertad, desparpajo y raíces han hecho que me reconcilie con mi identidad perdida. Gracias, Manuéh; gracias, Carloh. A vosotras os debo el necesario ajuste de cuentas, porque en mi casa mañana se volverá a cantar «Andaluzas, levantáos» y «Soy cordobéh.» Y nunca ha faltado Julio Romero de Torres.

* Escritora y periodista