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PAMPLONA / FERia de san fermín

Castella se lleva otra oreja barata

 

El matador Sebastián Castella en un desplante a su segundo toro, ayer en la Monumental de Pamplona. - EFE / JESÚS DIGES

Paco Aguado (Efe)
11/07/2019

Ganado: seis toros de Jandilla (1º y 6º con el hierro de Vegahermosa), de muy desigual presentación, con tres ejemplares grandones y de feas hechuras y otros tres terciados. Dispares también de juego.

Diego Urdiales: pinchazo, estocada contraria perpendicular y tres descabellos (ovación); media estocada (silencio).

Sebastián Castella: pinchazo, media estocada atravesada y descabello (silencio); estocada desprendida (oreja).

Roca Rey: pinchazo hondo y once descabellos (silencio tras dos avisos); pinchazo hondo, media estocada y tres descabellos (silencio).

El francés Sebastián Castella paseó la única oreja concedida, muy generosamente, en el festejo de ayer de los Sanfermines, en el que el peruano Roca Rey tuvo una actuación especialmente espesa y el riojano Diego Urdiales instrumentó los únicos y contados muletazos de auténtica calidad y hondura. Otro de los hechos significativos de la tarde fue que Roca Rey saliera por primera vez a pie de la plaza de Pamplona, ya que hasta ahora contaba por salidas a hombros, un total de cinco, todas sus presencias en el ruedo navarro.

Pero con dos faenas de escasa fluidez y sin claridad de ideas, el peruano desaprovechó no solo la calidad del mejor y más bravo toro de la corrida, que fue el tercero, sino también la gran predisposición al aplauso que le mostraron los tendidos de sombra y, sobre todo, los de sol, que incluso le animaron con sus cánticos. Ese tercer jandilla, de cuerpo terciado y vareado tras dos aparatosos y astifísimos pitones, fue el que puso la emoción al encuentro repitiendo sus embestidas con recorrido hasta que, ya mediado su motor y sin tanta colaboración del animal, Castella no acertó a ligarle los muletazos, por lo que se dio a un toreo efectista en busca de una oreja que, dolorido de una reciente lesión, perdió por sus repetidos fallos con el descabello.

Peor se le vio con el sexto, un toro con movilidad pero sin gran clase, al que no llegó a dar un solo muletazo que no resultara enganchado. El viernes, como único torero que repite en la feria, tiene la ocasión de desquitarse del mal sabor de boca y de resarcir de tanta decepción a un público que le esperaba ayer con expectación, como años atrás.

Claro que tampoco la faena que le valió esa barata y solitaria oreja a Sebastián Castella pasará a la historia, pues vino a premiar un trasteo mecánico y desangelado a un toro noble, con duración y especialmente profundo en sus embestidas por el pitón izquierdo, por donde el francés apenas se puso. Fue básicamente una estocada a la primera, como es casi norma de esta plaza, lo que hizo que asomaran los pañuelos en el tendido, en medio de un ambiente festivo y amable que no cesó ni con el tedioso trasteo que Castella le hizo al descastado segundo.

Paradójicamente, Diego Urdiales, que apechó con el peor lote, fue el torero que instrumentó los mejores y más hondos muletazos de la tarde, aunque contados por la medida raza del noble y dúctil jandilla que abrió plaza, ya que el sexto, con hechuras de bisonte de Altamira, fue un manso rajado al que, al menos, el riojano sujetó las ganas de huir a tablas. Con todo, esa primera faena de Urdiales acabó siendo, finalmente, la más estimable y destacada de la corrida, porque incluyó las únicas verónicas que se dieron en toda la tarde, un par de series de derechazos de mando, temple y gusto, así como un cierre por ayudados por bajo de gran hondura, pero sin más premio que una ovación de reconocimiento por su poca contundencia con la espada.