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REPORTAJE

Las mujeres ya no callan

Un ‘ejército’ de brazaletes morados vigila las situaciones de acoso y da seguridad en el recinto

 

Nora Redondo vigila en la caseta de Colega. - SÁNCHEZ MORENO

Ana Navas luce su brazalete morado en Aspa. - SÁNCHEZ MORENO

Carmen Lozano Carmen Lozano
23/05/2018

Las actitudes sexistas y el acoso a las mujeres tienen freno en la feria. La campaña Brazaletes Morados, organizada por segundo año consecutivo por el colectivo Café Feminista Córdoba y apoyada por el Ayuntamiento, está dando resultados, según señalan tanto las impulsoras de la iniciativa como las propias usuarias de la fiesta. Unas 70 voluntarias repartidas por todo el recinto, a las que es fácil reconocer por sus brazaletes morados, se encargan a diario de identificar posibles situaciones de agresión machista, acompañar a las víctimas e informarlas de la campaña. Dependiendo del caso, se acude a los servicios sanitarios o a la policía.

«La idea es, sobre todo, de acompañamiento y solidaridad entre mujeres», señala Luz María Dorado, una de las responsables del colectivo. Cinco puntos morados instalados en las casetas Juan XXVIII, Aspa, Colega, Rincon Cubano y CNT componen el cuartel general de este movimiento, que cuenta con mujeres como Ana Navas, que, tras la barra de la caseta de Aspa, vigila que dentro de este recinto no se den situaciones incómodas para ninguna mujer. «En esta caseta no hemos tenido que intervenir», dice la voluntaria, que asegura que en otros lugares sí ha habido algún problema. De hecho, hasta ahora se han dado nueve incidentes y la vigilancia se intensifica a partir de hoy porque se llega a los días álgidos de feria. «Esta campaña es decisiva», continúa Navas, que asegura «que hay que concienciar a la gente, empezando por nosotras mismas, que, a veces, nos da miedo enfrentarnos a quién no está agrediendo». Como una idea «necesaria» calificaban ayer esta campaña Lina, Ana, Valle, Paula, Andrea y Ana, que reconocieron haberse sentido «acosadas» en la feria alguna vez. «Se creen con derecho a tocarte y creo que es una iniciativa que hacía falta desde hace mucho tiempo, entre otras cosas porque hemos normalizado esta situación y no denunciamos», señalando con optimismo que este año se sienten «más seguras». Junto a ellas, los dos chicos que las acompañaban se mostraron completamente de acuerdo: «Es muy triste que en el siglo XXI estemos viviendo estas situaciones», señalaron al unísono Carlos y José.

Por su parte, Nora Redondo luce otro brazalete morado tras la barra de la caseta de Colega, y señala con rotundidad que «las mujeres nos tenemos que proteger» y esta iniciativa hace «que nos unamos más, y ante situaciones que antes nos callábamos, ahora damos la cara y luchamos». Solo ha vivido un caso en su caseta en estos días, pero «se solucionó rápidamente». «Somos una piña y estamos continuamente comunicadas para salir corriendo cuando sea necesario», señala Nora cuando habla del ejército de brazaletes morados que vigilan El Arenal.

Un grupo de amigas, antes de empezar a vivir la fiesta. Foto: SÁNCHEZ MORENO

Un tercio de las 98 casetas que han abierto sus puertas han suscrito un protocolo de actuación ante situaciones y casos de abuso o acoso sexual, y el Ayuntamiento ha ido un paso más allá estableciendo un protocolo de actuación ante casos de abuso o acoso sexista dentro de las casetas. «Queremos que no queden impunes este tipo de abusos, y si esta campaña también sirve para hacer reflexionar a los agresores sobre lo que están haciendo, es otra forma de concienciación», dice Luz Marina Dorado, que asegura que los puntos de riesgo pueden ser cualquiera, pero los hay especialmente peligrosos: la zona del botellón y el río.

«Una de las soluciones que proponemos es que se instalen muchos más aseos públicos para que nadie tenga que acudir al río, donde muchas chicas se llevan un susto porque allí no se ve nada y te puede pasar cualquier cosa», prosigue la responsable del colectivo. Bajo su punto de vista, la campaña está dando resultados porque «la gente se interesa cada vez más por la iniciativa», aunque se han conocido más incidencias que el año pasado, «precisamente, porque hay voluntarias que dan a conocer los casos».

En definitiva, la campaña se puede calificar de «éxito», y ahora el objetivo es que, lo antes posible, «iniciativas como esta dejen de ser necesarias porque el espacio público sea seguro para las mujeres».

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