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Análisis

La foto

 

Carmen Juan Carmen Juan
11/02/2019

Sacar a la gente a la calle envueltos en banderas no es ningún mérito, el procés lleva haciéndolo desde hace años, y como escribo desde Cataluña, ya me perdonarán que no vea nada extraordinario en la movilización dominguera de exaltación patriótica. Lo que me intrigaba era cómo iban a resolver la foto, la imagen que quedará para la historia de esa concentración, que se vendía como transversal, pero en la que solo estaba la derecha y la ultraderecha, en la que compartían protagonismo tres líderes políticos que se disputan los mismos votos y con un líder emergente, Abascal, que sin tener representación en el Congreso, comparte el escenario en igualdad de condiciones. ¡Cómo encajar esa foto con el cordón sanitario con el que se intenta frenar a la ultraderecha en Europa!. No es de extrañar que Manuel Valls se resistiera a aparecer en ese escenario, aunque fuera obligado a la manifestación.

La foto se intentó atenuar escondiendo las siglas de los partidos, encargando la lectura del manifiesto a tres tertulianos y haciendo entrar a los líderes de uno en uno y situándolos en una foto coral, separados entre sí por varias personas. Rivera a la izquierda de Casado, separado por cuatro personas y Abascal a la derecha del líder del PP, separado por dos y rodeados todos de una multitud. Esa es la imagen para la posteridad de una movilización que, con la excusa de pedir la unidad de España, lo que pretende es sacar a Sánchez de la Moncloa. Al final del manifiesto, lo dejaban claro: «Exigimos la convocatoria inmediata de elecciones generales para que todos los españoles puedan decidir su futuro». Y ¿saben?, me sonó muy similar a cuando en las movilizaciones de la ANC, Carme Forcadell le pedía a Artur Mas que pusiera las urnas para que el pueblo ejerciera su derecho a decidir.

Comportamientos similares

La derecha española está reproduciendo el mismo comportamiento que el nacionalismo catalán. Empezaron una alocada carrera para ser el más catalán de todos, entre ERC y las diferentes mutaciones convergentes, jaleados por los extremistas de la CUP hasta llegar al suicidio con una falsa declaración de independencia que va a sentarlos en el banquillo del Tribunal Supremo a partir de mañana. En ese procés, desgastaron las instituciones, dividieron al país, hundieron a unas cuantas familias y aguantaron en el poder, en realidad para nada, porque metidos en su propia trampa no pueden siquiera pensar en aprobar unos Presupuestos Generales del Estado que serían para Cataluña muy beneficiosos.

La derecha española ha empezado su propio proceso con una carrera para ver quién tiene la bandera más grande y quien grita «traidor» más fuerte. No nos engañemos, la unidad de España no está en peligro. Que el PP use el relator como excusa, cuando en Cataluña se han convocado dos referéndum ilegales sin que un gobierno del PP moviera un dedo, es de traca. Se me ocurre que Casado intenta neutralizar con movilizaciones callejeras el protagonismo que Vox le va a robar en los próximos días al ejercer la acusación particular en el juicio al procés.