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Colaboración

Vida y derechos

 

Rafaela Pastor Rafaela Pastor
06/07/2020

El dinero, los yates... el capital y demás adornos están en las mismas manos qué estaban antes del 14/3/20, o sea, antes de la pandemia covid-19. Por favor, por respeto a la humanidad y a la madre tierra preserven la vida, especialmente de quienes aún con pandemias tienen que seguir trabajando en el ambulatorio del pueblo o los grandes hospitales de las ciudades, quienes trabajan en las llamadas necesidades primarias tienen que ir a la gasolinera, conducir el autobús, reponer y cobrar los productos en supermercados. Tienen que seguir asistiendo a sus puestos de trabajo para cuidar a personas mayores, dependientes, inmigrantes, mujeres, niñas y niños víctimas de violencia, generalmente propinada por el individuo con el que convivían. Tienen que ir a sus puestos de trabajo las personas que barren las calles y cientos de miles más.

Este país, y sin que me apuren, el mundo entero necesita que paremos. Hemos llegado al límite de la destrucción de la madre tierra y con ella de la desaparición de la vida humana, animal y demás. Convendrán que la sociedad en su conjunto conoce muy bien quiénes pierden la vida en el tajo o el andamio, en la fábrica o en el campo, quiénes no pueden asumir el gasto de luz en invierno o verano, el gasto de agua, de alquiler, de sanidad, educación o vivienda si no es pública, quiénes no pueden vivir vacaciones, teatro, libros, música u otros ocios que, demostrado está, son imprescindibles para la salud y el desarrollo de las personas. Bien, pues si a todo lo anterior le sumamos las pandemias, las crisis económicas quienes las padecen no son quienes las provocan. La responsabilidad del hacer en la política tiene que asumir su obligación con la ciudadanía, dignificar la vida humana. Por tanto, se deben extinguir los trabajos temporales, contratos basura, salarios de pobreza. Se deben mantener los puestos de trabajo necesarios con y sin pandemias, proveer de plazas suficientes y dignas a los hospitales y cubrir todas las necesidades para que sea la última vez que se pierden miles de vidas por no tener espacio, material ni personal que atienda las consecuencias que se derivan de pandemias u otros desastres, y ni tan siquiera poder estar para despedir a sus seres queridos. Todo lo expresado en estas líneas se conseguirá si ponemos los medios necesarios hasta cambiar el modo de vida que nos ha llevado en el siglo XXI a la covid-19. Ese cambio del que habla la sensatez en estos tiempos no me cabe duda que tiene que ser gestionado por los gobiernos, y como no, por la propia ciudadanía, de lo contrario nadie se atreverá a predecir qué vida les espera a nuestras nietas y nietos.

* Presidenta Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres

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