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Campo y ciudad

Vanidad

 

Con la vigente Constitución Española de 1978 aquí no existe más relator posible, si fuese menester (que en derecho constitucional es la persona que, previamente designada, está encargada de efectuar, una vez reunida determinada asamblea, la rendición de cuentas de los trabajos realizados en ese cónclave, exponiendo finalmente las conclusiones a las que se hubiere llegado), que los dispuestos en nuestro Parlamento, y siempre los representantes políticos democráticamente elegidos que, por los cauces reglamentarios establecidos al efecto por la normativa afín, tengan la oportunidad de exponer, en sede parlamentaria, si así se decidiera, los argumentos o las consideraciones políticas, se traduzcan o no en derivadas consecuencias jurídicas, acerca de aquellas cuestiones que fueren pertinentes al asunto tratado, o de que se traten o insten, máxime si tales referidas incidencias adquieren, o puedan adquirir, extraordinaria relevancia institucional, como lo es sin duda alguna sobresaliente e indiscutiblemente la unidad territorial de España y la que afecta a la libertad e igualdad de todos los ciudadanos, de todos los españoles, ante la ley.

Si así no se entendiera es evidente que aquel o aquellos que tan sesgada y lesivamente contemplen o traigan la citada materia se situarían fuera de los cauces legales y democráticos. Tal vez llevados por la falacia de sus intereses, por lo vano, o por la felonía. Algo ciertamente una tara inexcusable cuando se trate de un representante político en el Congreso de los Diputados o/y en el Senado, y a mayor abundamiento de referirse a la jefatura de la gobernación del Estado.

Pero es la vanidad lo que en el fondo subyace, equivalente a presunción, vacío y arrogancia, a la palabra inútil o insustancial, verborrea que trasluce la falta de fundamento y razón, con una argumentación inestable, o huera representación de la realidad y de su sustancia, en todo caso estando seca o podrida, a la carencia de solidez, a la ilusión o ficción de la fantasía; al engreimiento y a la soberbia, que no son más que nefastos consejeros.

* Doctor ingeniero agrónomo. Licenciado en Derecho

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