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Tribuna abierta

Un siglo de la Asamblea de Córdoba

 

Un siglo de la Asamblea de Córdoba -

MIGUEL ÁNGEL Peña
23/03/2019

«Sea vuestro grito de combate y victoria: ¡Por Andalucía, por España y la Humanidad!». Así acaba, llamando a organizarse y redimirse a la clase obrera andaluza el manifiesto de la Asamblea Regionalista de Córdoba de 1919, de la que se cumple un siglo en estos días.

Un acontecimiento que apenas si fue reflejado en la prensa de la época; como tantas cosas que no aparecen en la páginas de la prensa «oficial» de cada época, pero que en el silencio cotidiano de las clases populares adquieren la dimensión de históricas. Pasó en 1872 con el Tercer Congreso de la Región Española de La Internacional --al que Díaz del Moral da la categoría de primer congreso anarquista del mundo, y que se produjo en nuestra ciudad--, y volvió a pasar con la segunda Asamblea Regionalista, dónde Blas Infante, el padre de la Patria Andaluza, y sus compañeros terminaron de configurar, en cuanto a lo ideológico se refiere al andalucismo, que aún hoy sigue siendo la identidad del pueblo andaluz.

Un año antes se habían reunido en Ronda los andalucistas en la primera Asamblea Regionalista, de dónde salió la bandera andaluza y el escudo de Hércules. Sin embargo, la configuración del andalucismo de Blas Infante, en el contenido y en el continente está relacionado con nuestra ciudad y la provincia.

La Córdoba del momento vive el cenit de la agitación obrera conocida como Trienio Bolchevique (1918-1920). En octubre de 1918 había tenido lugar el Congreso de Castro, donde las organizaciones jornaleras de Córdoba, y alguna de Sevilla y Jaén, se coordinan en sus reivindicaciones; noviembre y diciembre se produce un terremoto huelguístico en toda la provincia; en enero, junto a una huelga campesina, los andalucistas redactan en Córdoba el Manifiesto de la Nacionalidad que se debatiría en la Asamblea dos meses después. En febrero, en una manifestación obrera anticaciquil aparece el grito de «¡Viva Andalucía Libre!»; y en marzo la capital vivía una huelga general durante cinco días. Esa es la Córdoba en la que se reúnen doce días después los regionalistas, una provincia que pasados dos meses tendrá declarado el estado de guerra como reacción del gobierno a la agitada clase obrera cordobesa. La influencia de la conflictividad obrera en la elaboración se muestra en la inclusión de Castro del Río, capital del Trienio Bolchevique, en la Ruta de Blas Infante, siendo la única localidad de la Ruta, en la que no vivió el malagueño.

El Manifiesto de la Nacionalidad aprobado en Córdoba fue acusado de ser anarquista por parte del sector de derechas, que tomando como modelo al catalanismo de Cambó, estaba hasta entonces adherido al andalucismo. El de Córdoba era un manifiesto en el que se entroncaba con el republicanismo federal, a través de la alusión a la Constitución de Andalucía de la Asamblea de Antequera de 1883; un regionalismo que proclamaba a Andalucía como nacionalidad (cuestión por la que se menciona el manifiesto en el preámbulo del actual Estatuto de Autonomía); un regionalismo que era iberista, planteando la hermandad de los pueblos de España y el portugués; con alusiones a la Rusia soviética y claramente situado en una postura antioligárquica contra el caciquismo y a favor de la reforma agraria.

El andalucismo nacido en Córdoba tenía un claro componente de clase, hasta en el sitio dónde se celebró; el Centro Obrero Republicano.

La relación con Córdoba no está en ser sede, y la influencia que sobre la reunión tuvo las luchas obreras, sino porque entre los firmantes del manifiesto estaban los concejales cordobeses Eloy Vaquero y Francisco Azorín Izquierdo.

La herencia de aquella Asamblea bien podría ser el componente social de la letras de Carlos Cano durante un proceso de lucha que era territorial y social y que, en 1977, costó la vida a un obrero malagueño (García Caparrós).

En la última campaña electoral un partido negaba la Andalucía de Blas Infante, en consecuencia negaba a esta Andalucía social. En las últimas semanas nuestra tierra ha asistido a que un consejero explicase lo que supone de hecho es una privatización de la sanidad andaluza y que otro partido lanzase el globo sonda de una asignatura que impartiría personal ajeno al sistema educativo público.

Una Andalucía que sirve de frontera inhumana y que se pretende que asista impasible a la fosa común del Mediterráneo. Pero, sin embargo, la Andalucía actual se configuró hace un siglo en nuestra ciudad con un compromiso por lo social para nuestra tierra, nuestro país y para todas las personas del mundo.

* Profesor de Geografía e Historia

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2 Comentarios
02

Por Juan Gutiérrez 17:00 - 23.03.2019

Somos muchos los que no acabamos de ver el nacionalismo andaluz por ninguna parte. Vemos, sí, un andalucismo social, obrerismo más bien, agitado siempre por el atraso del terruño donde vivimos, secularmente agraviado por la terratenencia y la gobernanza un tanto de espaldas a los andaluces. Y, por eso, habla más de lucha obrera, derechos de la mujer, lucha contra el analfabetismo,…, que de una “patria andaluza” excluyente. Es un andalucismo “con un compromiso por lo social de nuestra tierra (Andalucía), nuestro país (España) y para todas las personas del mundo (la Humanidad) como dice el profesor Miguel Ángel Peña ; o sea que no es nacionalismo, sino un internacionalismo confeso.

01

Por Juan Gutiérrez 12:04 - 23.03.2019

Somos muchos los que no acabamos de ver el nacionalismo andaluz por ninguna parte. Vemos, sí, un andalucismo social, obrerismo más bien, agitado siempre por el atraso del terruño donde vivimos, secularmente agraviado por la terratenencia y la gobernanza un tanto de espaldas a los andaluces. Y, por eso, habla más de lucha obrera, derechos de la mujer, lucha contra el analfabetismo,…, que de una “patria andaluza” excluyente. Es un andalucismo “con un compromiso por lo social (propio de progresistas) de nuestra tierra (Andalucía), nuestro país (España) y para todas las personas del mundo (la Humanidad) como dice el profesor Miguel Ángel Peña ; o sea que no es nacionalismo, sino un internacionalismo confeso.